Marxismo cultural e ideología de género, explicados en la televisión paraguaya
En plena gira del Libro negro de la nueva izquierda y días antes de la votación del aborto en el Senado argentino, Nicolás Márquez y Agustín Laje pasaron por un programa de la televisión de Paraguay para explicar de dónde sale la agenda de género y qué puede hacer el ciudadano común para enfrentarla.
En 2018, en plena gira latinoamericana de El libro negro de la nueva izquierda, Nicolás Márquez y Agustín Laje fueron invitados a un programa de televisión de Paraguay, conducido por un pastor evangélico y su esposa, que se emitía por cable y por Facebook Live. El tema anunciado era el marxismo cultural y la ideología de género. La conversación se grabó días antes de la votación del proyecto de aborto en el Senado argentino, el 8 de agosto de ese año, y ese debate cruza toda la entrevista. Por esos días, Márquez y Laje discutieron la misma pregunta en el programa Confrontados.
El programa recibía preguntas del público en vivo, así que la charla fue saltando de la teoría (qué es el marxismo cultural, quién impulsa esta agenda) a cuestiones concretas: un profesor universitario que no se animaba a opinar, el aborto como "asunto de salud pública", las protestas feministas y el rol de la prensa.
Ni una secta ni un titiritero
Cuando el conductor le preguntó quién se beneficia de esta "agenda mundial" y cómo se organiza, Márquez empezó por descartar la explicación conspirativa:
"Nosotros no somos partidarios de atribuir todas las cosas que están pasando a un cerebro o a una secta o a una logia que digita el planeta como un gran titiritero."
Nicolás Márquez, minuto 8:29
Para Márquez hay más bien una "conjunción de intereses". Por un lado, un proyecto ideológico diseñado por escuelas de pensamiento marxistas de la segunda mitad del siglo XX, con intelectuales que siguen escribiendo. Por el otro, políticos que se suman a un discurso de moda para ganar votos, empresarios que financian a estos grupos porque después sacan provecho (el ejemplo que dio fue la industria del aborto) y una mayoría de repetidores. Según explicó, esa maquinaria ya funciona "en piloto automático": las universidades y los medios quedaron dominados por estas ideas y se reproducen solos, de cátedra en cátedra. Eso sí, antes hubo que conquistar esos espacios.
Laje completó el diagnóstico con la definición de fondo. El marxismo clásico planteaba una lucha de clases en el terreno económico. Cuando el capitalismo empezó a mejorarles la vida a obreros y campesinos, la izquierda llevó el conflicto a la cultura: la mujer oprimida por el patriarcado, el homosexual oprimido por la "heteronormatividad". A esa misma dialéctica aplicada a sujetos culturales, dijo, se la llama marxismo cultural, "nueva izquierda" o posmarxismo. Márquez agregó que por eso el blanco ya no es la fábrica ni el cuartel sino lo que mantiene unida a una sociedad: la familia, la tradición cristiana y hasta el lenguaje común, que se busca reformar con el argumento de que es excluyente. Márquez había desarrollado esa idea en 2017, en un video sobre por qué el marxismo cultural apunta a la Iglesia y a la familia.
Libertades que se recortan
La consulta de un profesor universitario que decía sentirse censurado le dio pie a Márquez para uno de los pasajes centrales de la entrevista:
"La ideología de género, de manera imperceptible, de manera elíptica, va recortando nuestras libertades. Se presenta bajo la careta de la inclusión."
Nicolás Márquez, minuto 23:15
Enumeró cuatro libertades que, según él, esa ideología afecta. La de cátedra. La de expresión, por las leyes antidiscriminatorias que pueden sancionar a periodistas o profesionales. La religiosa, por los clérigos perseguidos en Europa por citar pasajes bíblicos. Y la política, por las cuotas y las leyes de paridad, que a su juicio limitan la libertad del votante. Además planteó una paradoja: nunca la mujer tuvo tantos derechos reconocidos ni la intimidad fue tan respetada como en el Occidente del siglo XXI, y sin embargo los feminismos y los lobbies LGBT son hoy más radicales que nunca. Para Márquez, eso muestra "un programa ideológico que no se ajusta a una verdadera necesidad".
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoOpinión pública contra opinión publicada
A la pregunta de qué hacer, los invitados respondieron con un diagnóstico político. Sostuvieron que la mayoría de los latinoamericanos rechaza el aborto y las protestas violentas, pero se autocensura porque cree que es minoría. Mientras esa mayoría calla, el político atiende a la "opinión publicada" de los medios y del espectáculo, y no a la opinión pública. Laje lo ilustró con el debate argentino: en una votación democrática, el voto de una figura de la farándula vale lo mismo que el de un genetista, pero en la lucha cultural pesa mucho más quien tiene los medios de su lado.
De ahí salió el llamado que se repite a lo largo del programa: los buenos argumentos jurídicos, filosóficos y biológicos ayudan, pero no alcanzan si la gente no se moviliza. Hay que escribir en redes, mandar cartas a los diarios, "tocarle el timbre" al político y al juez y avisarle que no se lo va a volver a votar. También hablaron de los periodistas paraguayos que se niegan a entrevistarlos con el argumento de que son "fundamentalistas". Laje respondió que el fundamentalismo consiste justamente en negarse a dialogar con quien piensa distinto para no poner en riesgo los propios fundamentos.
El aborto, en el centro
Una televidente planteó que la mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo y que el aborto es un tema de salud pública. Laje respondió con argumentos biológicos: el niño por nacer tiene un ADN propio, un ritmo cardíaco distinto y puede tener otro grupo sanguíneo y otro sexo que la madre, así que no puede considerarse parte de su cuerpo. Márquez atacó el segundo argumento:
"Nunca puede ser una política de salud aquella en la cual dos personas ingresan a la clínica, es decir, una madre con el niño en su vientre, una de las dos vuelve a su casa y la otra sale muerta."
Nicolás Márquez, minuto 38:46
Agregó que tampoco se lo puede presentar como "salud reproductiva", porque lo que hace el aborto es precisamente interrumpir la reproducción.
Protestas, jueces y un llamado a la constancia
Cuando le preguntaron por qué nadie frena los destrozos en algunas marchas feministas, Márquez lo explicó por la presión que reciben policías, jueces y fiscales. Todos temen quedar expuestos como parte de un "aparato represor" ante la prensa progresista. Sumó otra "careta" de la izquierda que, según dijo, suele pasar desapercibida: el garantoabolicionismo, la corriente criminológica que busca vaciar de contenido la sanción penal y que, sumada a la presión de género, lleva a esos funcionarios a dejar que el desmán ocurra antes que arriesgar una sanción o un linchamiento mediático.
En el cierre, ante la pregunta de si todo esto se puede revertir, la respuesta fue que sí, con una condición: informarse, formarse y actuar de manera organizada y constante. La idea es que no alcanza con una marcha aislada, porque la agresión "no tiene plazos" y la defensa tampoco puede tenerlos.
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Fuentes
- “"Una sociedad que no puede discriminar es una sociedad de idiotas" (Nicolás Márquez y Agustín Laje)”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 22/08/2018 (minutos citados: 6:17, 8:29, 9:33, 10:25, 12:52, 14:07, 16:11, 23:15, 24:30, 25:03, 26:13, 28:46, 29:31, 31:43, 36:33, 38:46, 39:10, 44:37, 45:34, 52:32).
- Agustín Laje y Nicolás Márquez, El libro negro de la nueva izquierda