Batalla cultural

“El enemigo woke”: el discurso de Márquez en el Festival de la Libertad, en México

Ante un auditorio universitario mexicano, Márquez explica qué entiende por wokismo, de dónde viene según él y por qué cree que la batalla cultural necesita también un partido político.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 4 min de lectura

En noviembre de 2025, Nicolás Márquez habló en el Festival de la Libertad, un congreso organizado en una casa de estudios de México, donde compartió panel con, entre otros, Javier Negre y Axel Kaiser. Llegó tras un viaje largo desde Argentina y con un resfrío encima, y dedicó su media hora a un tema que define como “la nueva agresión cultural de la cual Occidente es objeto”: el wokismo.

Un nuevo nombre para la misma receta

Márquez propuso una definición breve: el wokismo es, según él, el nuevo modo de llamar al progresismo, así como el comunismo pasó a llamarse socialismo del siglo XXI, Foro de San Pablo o Grupo de Puebla. Para sostenerlo, enumeró una serie de hechos de 1992, como la primera marcha LGBT en Buenos Aires, la primera marcha indigenista y la cumbre ambientalista de Río de Janeiro, y los vinculó con la caída de la Unión Soviética.

Su argumento es que, sin la posibilidad de ofrecer al obrero un paraíso igualitario, la izquierda trasladó el conflicto de clases del plano material al cultural, y pasó a reclutar a “supuestas minorías” que, sostiene, ya gozan de los mismos derechos ante la ley. Márquez reconoció que el feminismo tuvo razón de ser cuando la mujer no podía votar ni heredar, pero planteó que hoy, en Occidente, ese reclamo ya no se justifica.

La única y verdadera inclusión es la inclusión que ofrece la derecha liberal, que es la igualdad ante la ley. Ahí estamos todos incluidos, es la única inclusión posible.

Nicolás Márquez, minuto 7:39

Como contraste, señaló que esos mismos movimientos no se movilizan, según él, contra la situación de las mujeres, los homosexuales o los cristianos en países de Oriente donde sí sufren restricciones o persecución. Para Márquez, lo que une a grupos con agendas contradictorias es “el odio a la civilización occidental y cristiana”, entendida no en términos religiosos sino culturales: los valores compartidos que, dijo, hacen cristiana a toda Iberoamérica más allá de la fe de cada uno.

Mirá el discurso completo de Márquez en el Festival de la Libertad.

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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De Gramsci y Frankfurt a Foucault

En la segunda parte, Márquez repasó lo que considera las raíces intelectuales del fenómeno: la Escuela de Frankfurt y, en particular, Herbert Marcuse, cuyas ideas atribuye a la generación del Mayo Francés; Antonio Gramsci, que desde la cárcel planteó que en Occidente la revolución debía ser cultural y pasar por el periodismo, la universidad y los medios; y, sobre todo, Michel Foucault, a quien describe como el pensador más influyente de esta corriente.

Explicó que Foucault trasladó la lucha entre opresor y oprimido a los “microconflictos” de la vida social, como plantea en Microfísica del poder: el sacerdote y el fiel, los padres y los hijos, el docente y el alumno, el médico y el paciente. Márquez, que contó haber estudiado a Foucault en su carrera de abogacía, cuestionó esa mirada: para él, las relaciones de poder y las desigualdades naturales existen desde siempre, y es justamente la igualdad ante la ley la que las deja a la vista. Anunció además que Foucault es uno de los protagonistas de un libro suyo de próxima aparición, y sostuvo que su teoría debe leerse a la luz de su biografía, incluido su apoyo a la revolución de Jomeini en Irán. Dos semanas después, Márquez dedicó un video a Foucault como “padre del wokismo”.

Batalla cultural y batalla electoral

Para cerrar, Márquez identificó a la familia y a las iglesias como las dos grandes instituciones que transmiten la tradición, y por eso, según él, los blancos principales de la revolución cultural. Agregó una advertencia: estos grupos no operan solos, sino con el respaldo, la financiación y las leyes del Estado.

Si damos batalla cultural y no tenemos un partido político representativo, la batalla cultural se queda en eso. En una persuasión que después no se transmiten votos.

Nicolás Márquez, minuto 38:04

Por eso exhortó al público mexicano a dar las dos batallas: convencer “por millones” y, a la vez, construir una representación política, ya sea con un partido nuevo o desde los partidos existentes. Destacó el peso de México como país católico de habla hispana más poblado y como “cuna de la hispanidad” y de la tradición guadalupana. Días antes, en el Derecha Fest, Márquez había desarrollado el paso de la batalla cultural a la electoral.

Fuentes

  1. “El enemigo woke: mi discurso en el Festival de la Libertad”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 11/11/2025 (minutos citados: 2:07, 3:16, 4:27, 6:24, 6:58, 7:39, 11:22, 13:01, 14:14, 16:02, 17:29, 17:32, 19:05, 20:06, 21:00, 24:56, 33:44, 34:34, 35:25, 36:03, 38:04).
  2. Michel Foucault, Microfísica del poder
  3. Herbert Marcuse, Eros y civilización