Batalla cultural

Michel Foucault, el “padre del wokismo” según Márquez

En una “biografía verbal” de más de una hora, Márquez explica por qué ve en Foucault la matriz del wokismo: del marxismo cultural al microconflicto y al “cada cual tiene su verdad”.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 6 min de lectura

El 26 de noviembre de 2025, Nicolás Márquez dedicó un programa completo de su canal a un solo personaje: el filósofo francés Michel Foucault, a quien presenta como el “padre del wokismo”. En algo más de una hora, respondiendo también preguntas del chat, se propuso una de lo que él llama “biografías verbales”: explicar de dónde viene la corriente que hoy se denomina woke y por qué, según él, Foucault es la figura clave para entender “la naturaleza doctrinaria de nuestros enemigos”.

Márquez contó que conoce la obra por obligación académica: como estudiante de Derecho tuvo que leer Vigilar y castigar en varias materias, y señaló que lo mismo ocurre en Historia, Psicología o Filosofía. Foucault, dice, es “omnipresente” en la universidad, aunque “suele ser muy citado, mucho más que leído”. Foucault, agregó, aparece en el libro que prepara para HarperCollins.

Un momento de optimismo, con advertencia

Antes de entrar en tema, Márquez hizo un repaso del mapa político regional en clave de batalla cultural. Sostuvo que ningún mandatario combate la agenda global y el wokismo como Javier Milei, a quien considera referente de dirigentes de la derecha en Europa y América, y celebró el ascenso de José Antonio Kast en Chile de cara al balotaje del 14 de diciembre. “La batalla cultural está dando los mejores frutos”, dijo, y recordó que empezó a darla “20 años atrás” en soledad. Pero advirtió que no hay que “celebrar un triunfo como si fuese definitivo”: el combate cultural, sostiene, debe darse “de manera permanente”.

Para definir el fenómeno, ofreció una síntesis: el wokismo sería “la nueva forma, con un poco de glamour, de presentarse de lo que pocos años atrás se llamaba progresismo”, con algunos agregados.

Los antecedentes: Frankfurt, Gramsci y los franceses

Márquez ubica el punto de partida a comienzos del siglo XX, cuando un grupo de pensadores advirtió que la izquierda no llegaría al poder en Occidente por la vía de las armas. Menciona a la Escuela de Frankfurt, cuyos miembros emigraron a Estados Unidos ante el nazismo y se instalaron en las principales universidades norteamericanas, y destaca la influencia de Herbert Marcuse, autor de Eros y civilización y El hombre unidimensional, sobre la juventud pacifista de los años 60 y sobre el Mayo francés de 1968. Recuerda que en las paredes de París se pintaba una “M” que jugaba con el nombre de Marcuse y con el mes de la revuelta.

La segunda pata es Antonio Gramsci, que desde la cárcel de Mussolini escribió los Cuadernos de la cárcel. Según Márquez, su propuesta fue cambiar el “sentido común” infiltrándose en los ámbitos educativos, culturales, periodísticos y publicitarios, con la Iglesia católica como gran adversaria. Recomendó el libro de síntesis sobre Gramsci que escribió Cristian Moreno, un colega de la Fundación Faro, porque, según dice, leer los Cuadernos en crudo es un laberinto. Luego vienen los franceses: Jacques Derrida y la “deconstrucción”, y Simone de Beauvoir, en cuyo El segundo sexo ve el origen de la idea de que la identidad es una autoconstrucción. Todos estos, según Márquez, desembocan en Foucault. Márquez ya había trazado esa genealogía en 2017, en un video sobre el marxismo cultural y su ataque a la Iglesia y la familia.

Foucault es el más importante porque ha sido el más influyente de todos.Nicolás Márquez, minuto 25:38
Mirá el programa completo de Márquez sobre Michel Foucault

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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Del conflicto de clases al microconflicto

El corazón del programa es la explicación de la tesis central de Foucault tal como la entiende Márquez. Hijo de un médico cirujano, nacido en 1926 en un pueblo a unos 300 kilómetros de París, Foucault habría desarrollado un rechazo por lo que llamaba instituciones disciplinarias: el hospital, la escuela, la cárcel, la Iglesia, la policía, el Poder Judicial. Márquez contrasta su enfoque con el marxismo clásico, que confiaba en la lucha de clases y en un determinismo histórico que llevaría por sí solo a la sociedad sin clases.

Más que una lucha entre clases sociales, acá lo que estamos viviendo en el seno de la sociedad es una lucha entre micro conflictos, conflictos pequeños.Nicolás Márquez, minuto 31:25

El cura frente al feligrés, el médico frente al paciente, el profesor frente al alumno, el policía y el juez frente al delincuente: en cada vínculo Foucault veía, según Márquez, una relación de dominación. De allí su crítica al panóptico de Jeremy Bentham en Vigilar y castigar y su influencia sobre el abolicionismo penal actual, cuyos exponentes Márquez llama “los wokistas del derecho”. Su objeción es que la cárcel fue, en realidad, un avance: “antes de la cárcel te mataban en la horca”. También discute la idealización del trato a los locos en la Edad Media que atribuye a la Historia de la locura.

Esa lógica, sostiene, es la de Microfísica del poder, y es la que hoy se ve en Occidente: la mujer presentada como víctima del patriarcado, o un ecologismo que, según Márquez, se moviliza por los animales mientras defiende el aborto. Recuerda también a Carlos Manuel Acuña, autor de Por amor al odio, que años atrás había anticipado una “guerra civil molecular”.

“Cada cual tiene su verdad”

Para Márquez, Foucault es también la semilla del posmodernismo: admirador de los sofistas, creía que el poder no descubre la verdad sino que la construye. De ahí proviene, dice, la frase “cada cual tiene su verdad”, que él rechaza.

La verdad es una. En todo caso, cada cual tiene su opinión y dentro de esa opinión hay opiniones que se acercan mucho a la verdad y hay opiniones muy lejanas a la verdad.Nicolás Márquez, minuto 40:01

Márquez dedicó además un tramo a lo que considera contradicciones entre la obra y la vida del filósofo. Señala que Foucault se afilió al Partido Comunista francés en 1950 y que, años después, escribió una serie de artículos, entre ellos en el Corriere della Sera, en los que se mostró deslumbrado por la revolución islámica del ayatolá Jomeini, un régimen que, recuerda Márquez, privó a las mujeres de derechos elementales. Su conclusión general es que muchos de estos autores escriben para “autojustificarse” y proyectar sobre la sociedad sus propios conflictos.

Milei y el fin del financiamiento

Para Márquez, ese legado dominó la escena argentina hasta la llegada de Milei, cuya respuesta al wokismo consiste, según él, en quitarle el respaldo estatal: “En dejar de financiarlas desde el Estado, no en prohibirla. Si querés pensar así, pensá así, pero no con tu plata, no con la nuestra”. Sostiene que el lenguaje inclusivo y los colectivos que dependían del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad “quedaron desinflados” al perder esos recursos, y recomendó leer Globalismo, de Agustín Laje, para entender el papel de las fundaciones internacionales.

En la ronda de preguntas, Márquez reiteró su posición contra la figura del femicidio: a su juicio, el agravante por la condición de la víctima ya puede contemplarse dentro de la escala penal de cada delito. También recordó su biografía de Hugo Chávez, publicada en 2010, y anticipó un Derecha Fest en la Argentina para enero, que describió como el más numeroso de la historia de la derecha en el continente. Cerró prometiendo nuevas “biografías verbales” de otros personajes.

Fuentes

  1. “El padre del wokismo”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 26/11/2025 (minutos citados: 1:07, 2:24, 3:20, 4:25, 5:42, 9:35, 9:53, 10:53, 13:43, 14:53, 16:37, 19:04, 20:57, 24:22, 25:34, 25:38, 27:24, 28:59, 31:25, 32:13, 33:07, 34:37, 35:11, 35:27, 38:09, 39:14, 40:01, 42:22, 49:26, 50:19, 57:12, 57:19, 57:43, 58:07, 58:30, 1:06:15, 1:09:32, 1:11:08, 1:14:13, 1:15:10).
  2. Michel Foucault, Vigilar y castigar
  3. Michel Foucault, Microfísica del poder
  4. Michel Foucault, Historia de la locura
  5. Herbert Marcuse, Eros y civilización
  6. Herbert Marcuse, El hombre unidimensional
  7. Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel
  8. Simone de Beauvoir, El segundo sexo
  9. Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y contrarrevolución
  10. Carlos Manuel Acuña, Por amor al odio