Qué es ser conservador: el diálogo de Márquez con Miklós Lukács en 2020
En plena cuarentena, Márquez y Miklós Lukács discuten qué distingue al conservadurismo del liberalismo y del socialismo, la libertad como medio y el marxismo cultural.
En mayo de 2020, en plena cuarentena, Nicolás Márquez conversó en vivo por redes con Miklós Lukács, académico peruano de origen húngaro, entonces radicado en Inglaterra, a quien había conocido durante la presentación de El libro negro de la nueva izquierda en Perú. Lo que iba a ser una entrevista de Lukács a Márquez en Buenos Aires, suspendida por la pandemia, se convirtió en un diálogo sobre qué significa ser conservador hoy.
Márquez llevó las preguntas: el rol del intelectual, las diferencias entre conservadurismo, liberalismo y socialismo, la religión, la tradición y la figura de Javier Milei.
El intelectual y la realidad concreta
Lukács, citando a Thomas Sowell, sostuvo que los intelectuales se equivocan más de lo que aciertan porque pierden el contacto con la realidad y construyen modelos abstractos. Márquez sumó una observación propia, a partir de Fabricantes de miseria: en Occidente, dice, la clase media profesional, la de sociólogos, filósofos y periodistas, trabaja con abstracciones y tiende al progresismo, mientras que el obrero y el empresario, atados a lo concreto, se inclinan más a la derecha. Lukács agregó que en el mundo académico de los países desarrollados predominan, según encuestas que mencionó, los liberales en el sentido anglosajón: el centro y la izquierda.
Comunidad, no colectivismo
Para Lukács, el conservadurismo no requiere teoría: nace de la tendencia natural a cuidar lo valioso, como la familia, los amigos o los vecinos, y de lo que Roger Scruton llamaba "los pequeños pelotones" de la sociedad civil. De ahí una de sus frases más provocadoras:
El conservadurismo es el bolchevismo del siglo XXI.
Miklós Lukács, minuto 15:59
Aclaró que se trata de un comunitarismo que surge de abajo hacia arriba, opuesto al colectivismo impuesto desde el Estado. Márquez vinculó esa idea con el "empirismo organizador" de Charles Maurras: tomar lo que la experiencia demostró que funciona, sin una ideología que explique el mundo de manera cerrada. Ambos coincidieron en que liberalismo y marxismo comparten una aspiración universalista y una imagen abstracta del hombre, el homo economicus de un lado y el proletario del otro, mientras que el conservador parte de la imperfección humana.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoLa libertad como medio
El punto de mayor coincidencia fue la libertad. Márquez planteó que, para buena parte del liberalismo, la libertad es un fin en sí mismo, mientras que el conservadurismo la concibe como una herramienta. Lukács lo resumió en una frase: "La libertad no es un fin, la libertad es un medio".
Márquez recordó la figura del "liberal utilitario", descripta por Mariano Grondona, que acepta la economía de mercado porque funciona. Lukács coincidió: el conservadurismo no tiene una doctrina económica propia y adopta el orden espontáneo de Hayek porque la experiencia lo respalda. Más adelante distinguió entre las muchas variantes del liberalismo, del socioliberalismo al anarcocapitalismo, y el "liber progre", que convierte la libertad en empoderamiento.
Márquez ilustró los límites de una libertad sin reglas con un ejemplo: quien maneja a 250 kilómetros por hora todavía no dañó a nadie, pero obra con temeridad, y por eso existen límites de velocidad y licencias de conducir.
Eso no me convierte a mí en comunista y en dirigista, pero la vida en comunidad requiere de regulaciones prácticas.
Nicolás Márquez, minuto 50:08
Religión, tradición y marxismo cultural
Lukács se definió como "un cristiano cultural", sin fe religiosa pero alineado con los valores que defiende el cristianismo, como el derecho a la vida y la familia. Márquez le respondió con su propia experiencia: viene de una familia no creyente y se convirtió al catolicismo después de los 20 años, cuando encontró en las cinco vías de Santo Tomás la explicación racional que buscaba. También citó a Maurras, que sin tener fe defendía a la Iglesia por los hábitos que promueve.
Sobre la tradición, Lukács tomó la distinción de Douglass North entre instituciones formales e informales: las costumbres surgen de la interacción entre generaciones y dan identidad. Márquez distinguió patriotismo de nacionalismo y ubicó al primero dentro del conservadurismo. Lukács sostuvo además que en América Latina el conservadurismo está hoy más arraigado en los sectores populares que en las élites.
Márquez agregó una advertencia: muchos jóvenes liberales que estudian en universidades del exterior vuelven, a su juicio, "infectados de marxismo cultural", porque lo perciben como una ampliación de derechos. Para él, el marxismo cultural es "una nueva forma de revolución imperceptible", más peligrosa que la guerrilla de los 70 porque no provoca el repudio inmediato que generaba una bomba.
Milei y los límites del libertarismo
Márquez observó que el anarcocapitalismo y el marxismo comparten, "inadvertidamente", la meta de un mundo sin Estado. Lukács elogió el trabajo de Javier Milei, aunque señaló lo que considera un error teórico del libertarismo: sin ninguna regulación, dijo, las empresas más grandes terminarían en posiciones monopólicas. Márquez, que se presentó como amigo de Milei, destacó su principal aporte entre los jóvenes: "la desconfianza en el estatismo". Ambos quedaron en retomar una conversación que, coincidieron, dejó muchos temas en el tintero. Retomaron la conversación en 2022, en un set de la televisión peruana, sobre tradición y progreso.
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Fuentes
- “Ser conservador: diálogo entre Nicolás Márquez y Miklos Lukacs”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 31/05/2020 (minutos citados: 4:26, 9:26, 10:15, 12:08, 15:13, 15:59, 16:22, 20:18, 21:08, 22:00, 24:27, 24:52, 26:08, 28:30, 29:22, 30:11, 33:57, 36:45, 37:21, 38:45, 42:31, 43:04, 46:51, 49:14, 50:08, 51:49, 53:18, 54:24).
- Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, Fabricantes de miseria
- Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, Manual del perfecto idiota latinoamericano