El crimen de odio, según Márquez: la nueva forma del delito de opinión
En 2017, de vuelta de la gira del Libro negro, Márquez sostuvo que el llamado crimen de odio es la versión actual del delito de opinión de los totalitarismos y defendió una regla: la opinión debe ser libre y solo la acción, limitada.
En septiembre de 2017, de regreso de la gira continental de El libro negro de la nueva izquierda junto a Agustín Laje, Nicolás Márquez grabó un breve monólogo para su canal sobre una figura que, a su juicio, se había vuelto una de las herramientas más eficaces de la nueva izquierda: el llamado crimen de odio.
Del delito de opinión al crimen de odio
Márquez parte de una comparación histórica. Los totalitarismos del siglo XX, explica, tipificaban de manera explícita el delito de opinión: la propaganda enemiga en la Cuba castrista, los delitos contra la nacionalidad en el nacionalsocialismo o el delito contrarrevolucionario en el comunismo. Según él, el marxismo cultural adoptó para el mismo fin una forma nueva, “imperceptible, silenciosa, elíptica”, que marca qué puede decirse y qué no. Y responsabiliza también al centrismo y al liberalismo que, en lugar de reaccionar, se someten y adoptan ese lenguaje.
Para Márquez, el crimen de odio castiga toda manifestación que se aparte del “catecismo del progresismo cultural” y que pueda herir a un grupo o “colectivo”. Pero sostiene que esa protección no es pareja: solo alcanza a los grupos que considera funcionales al marxismo cultural. Como ejemplo, contrasta la impunidad con que puede atacarse una catedral con lo que ocurriría si se hiciera lo mismo contra otra religión.
Lo que se puede negar y lo que no
El contraste que más subraya es el de la historia. Cualquiera puede decir que Dios no existe, y está en su derecho; lo que no puede hacerse, según Márquez, es cuestionar ciertos hechos o ciertas cifras. Su ejemplo es la ley bonaerense que impide a los funcionarios públicos sostener que hubo menos de 30.000 desaparecidos, cuando, según sus números, los desaparecidos fueron “11.000 y fracción”.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoLa opinión infinita y la acción finita
Frente a quien se sienta agredido por una opinión, Márquez propone responder, contraatacar y “argumentar mejor”, no castigar. El límite, dice, tiene que estar en los actos, que para eso existe el Código Penal: se puede expresar desprecio por alguien, pero no agredirlo. Y quien escucha algo que no le gusta tiene que tolerarlo, con la libertad de contestar con mejores argumentos. Márquez retomó el tema en 2023, en su conversación con Miklós Lukács sobre el “derecho a ofender”.
La opinión tiene que ser infinita y solo la acción tiene que ser finita.
Nicolás Márquez, minuto 6:31
Lo que más le preocupa, aclara, no es la izquierda, de la que no espera otra cosa, sino que los sectores que se presumen no izquierdistas adopten acríticamente ese lenguaje y terminen siendo funcionales a ella. Con esa advertencia cierra el video:
En conclusión, el crimen de odio es una nueva trampa del marxismo cultural beneficiada por la progresía y por la corrección política reinante.
Nicolás Márquez, minuto 7:23
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Fuentes
- “La trampa neomarxista del mal llamado crimen de odio. Por Nicolás Márquez”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 27/09/2017 (minutos citados: 0:29, 1:21, 2:16, 3:24, 4:06, 4:30, 5:15, 6:31, 6:52, 7:23).
- Nicolás Márquez y Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda