Batalla cultural

Por qué el marxismo cultural apunta a la Iglesia y a la familia

En un monólogo de 2017, Nicolás Márquez explica cómo la izquierda pasó de la revolución armada a la revolución cultural, y por qué para él el blanco dejó de ser el cuartel y pasó a ser la tradición occidental y cristiana.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 4 min de lectura

En un video publicado en julio de 2017 en su canal, Nicolás Márquez habla solo frente a cámara sobre lo que llama "revolución cultural". En unos doce minutos repasa el paso de la izquierda de la lucha armada a la batalla por las ideas y responde a una pregunta: si el objetivo ya no es tomar el poder por las armas, ¿cuál es el enemigo a vencer?

Su respuesta es que el blanco pasó a ser la tradición occidental y cristiana, y que las dos instituciones que la custodian y la transmiten, la Iglesia y la familia, están en el centro del ataque.

De la guerrilla a la cultura

Márquez arranca por la teoría. El materialismo dialéctico de Marx, recuerda, era determinista: la revolución comunista iba a llegar sola, como una cadena de sucesos imposible de cortar. Después aparecieron otras corrientes, como el trotskismo, que sostenían que había que agitarla en lugar de esperarla. De ahí salieron, según su lectura, las guerrillas y el terrorismo que el castrismo exportó a América Latina desde 1959.

En ese esquema, el enemigo natural eran las Fuerzas Armadas, "el brazo armado institucional" de cada Estado. Hoy, sostiene, la izquierda les sigue teniendo antipatía por razones históricas o afectivas, pero ya no las ve como el enemigo principal, porque la revolución que persigue apunta a lo intangible y no a lo material.

La revolución cultural tiene que destruir la tradición cultural de un país porque la tradición cultural es el freno por antonomasia de esa revolución.

Nicolás Márquez, minuto 2:53

Una tradición que no depende de la fe

Márquez aclara que no plantea el conflicto en términos teológicos, sino "racionales". Para él, Argentina y la mayor parte de América Latina son occidentales por geografía y cristianas por cultura, más allá de que uno crea en Dios o no. Por eso sostiene que incluso un ateo nacido en esta civilización tiene valores cristianos: sabe que robar, matar o mentir está mal y que la propiedad privada debe defenderse. Como contraejemplo, menciona a un ateo nacido en Medio Oriente, que igual tiene la mentalidad propia de esa cultura.

Un ateo que vive en nuestra civilización es cristiano, aunque no crea en Dios.

Nicolás Márquez, minuto 4:01

De ahí saca una conclusión: a la izquierda no le interesa tanto "reventar a Dios", porque no cree en él, sino la tradición que funciona como freno. Márquez retomó esa idea en 2023, ante un sacerdote mexicano, al explicar por qué a su juicio la ofensiva contra la tradición cristiana es más peligrosa que la guerrilla, en la entrevista sobre la «revolución de terciopelo».

Esto sale de un monólogo de 12 minutos

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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La Iglesia como símbolo

Según Márquez, la primera institución custodia de esa tradición es la Iglesia, "la institución visible y cognoscible" que históricamente defendió y difundió los principios cristianos. Como ejemplo, señala que las marchas vinculadas a la agenda de género (por el aborto, LGBT, Ni Una Menos o feministas) suelen terminar frente a la catedral de cada ciudad. Para él, esos ataques tienen un valor simbólico: la catedral representa la tradición cultural que se busca derribar.

La familia, "tradición pura y dura"

La segunda institución, y para Márquez la más difícil de vencer para la revolución cultural, es la familia, a la que define como la institución arquetípica de la sociedad civil. En ella se heredan el apellido, los gustos y hasta el club de fútbol. Aclara que nadie está determinado por lo que recibe en su casa, aunque sí muy influido.

Cuenta que en la guerrilla de los años 70, a los militantes de origen burgués se los obligaba a romper con su propia familia como prueba de lealtad. Traslada esa lógica al presente: si una familia está atenta a lo que se le enseña a su hijo en la escuela, puede frenar el adoctrinamiento que, según él, promueve el Estado. Por eso, sostiene, la ideología de género busca plantear la relación entre el varón y la mujer como una guerra y no como algo complementario, y presenta un "patriarcado" que para Márquez es una ficción.

En esa misma línea ubica el aborto, al que describe como el punto más extremo del ataque a la familia. También retoma la idea de Michel Foucault de la "microfísica del poder": para Márquez, el conflicto ya no se da entre clases sociales, sino en las relaciones personales y dentro de la comunidad más pequeña, que es la familia. Márquez dedicó en 2025 un programa entero al filósofo francés, en su “biografía verbal” de Foucault.

Los dos enemigos principales

Márquez cierra con una conclusión. Si la civilización occidental y cristiana se defiende sobre todo a través de las instituciones religiosas y de la familia, entonces la religión y la familia son, para él, los enemigos más importantes del marxismo cultural y los blancos contra los que este busca "impactar de lleno".

Fuentes

  1. “El marxismo cultural busca romper la Civilización Occidental y Cristiana”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 24/07/2017 (minutos citados: 0:54, 1:05, 1:30, 2:15, 2:53, 3:27, 4:01, 4:48, 5:08, 5:40, 6:02, 6:26, 6:49, 7:09, 7:22, 7:35, 8:26, 8:53, 10:40, 11:08, 11:34, 11:55).