Historia argentina

Todo lo que tenés que saber sobre Malvinas

Un día después de la cadena nacional de Milei, el historiador militar Sebastián Miranda repasa con Nicolás Márquez los títulos argentinos, la guerra y la única estrategia de recuperación que considera viable.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 5 min de lectura

El día anterior, Javier Milei había dedicado una cadena nacional a Malvinas. Nicolás Márquez aprovechó la ocasión para invitar por primera vez a su canal a Sebastián Miranda, licenciado en historia, docente, oficial de la reserva y autor de diecisiete libros —la mayoría de historia militar—, entre ellos La guerra del Atlántico Sur. Los mitos desmalvinizadores y estrategias para su recuperación. Lo presentó como un amigo de vieja data con quien comparte la revisión de los años setenta, aunque no todo lo demás. Miranda se rió de lo mismo antes de empezar: “Está toda la gente que te va a criticar a vos por traerme y toda la que me va a criticar a mí por estar en tu programa”.

Por qué las islas son argentinas

Márquez confesó que en la Facultad de Derecho le enseñaron los títulos jurídicos de un modo “aburridísimo” y que no se acordaba nada. Miranda los ordenó en pocos pasos. El descubrimiento es discutido —se atribuye a expediciones españolas del siglo XVI, y la del capitán Camargo, dice, describe un zorro endémico de las islas—, pero en la época el hallazgo no daba derechos: hacía falta ocuparlo. Los primeros en instalarse fueron franceses llegados de Saint-Malo, de donde viene el nombre de Malouines, Malvinas. En 1767 Francia reconoció la soberanía española y entregó la colonia a cambio de una indemnización por lo construido; nació Nuestra Señora de la Soledad.

Los británicos, que tenían un pequeño fuerte en otra isla, fueron desalojados desde Buenos Aires y en 1771, por la declaración de Masserano, reconocieron la soberanía española; en 1774 se fueron. Entre 1767 y 1811, según Miranda, se sucedieron 32 gobernadores españoles, uno de ellos criollo. Sobre esa base se apoyan los dos argumentos centrales del reclamo: el uti possidetis o principio de herencia —el Estado que se independiza recibe los territorios del antiguo soberano— y la ocupación prolongada. A eso suma un dato administrativo: desde 1776 las islas, igual que la Patagonia, dependían del Virreinato del Río de la Plata y no de la Capitanía de Chile.

Tras un breve abandono por las guerras de la independencia, la bandera volvió a izarse en 1820. En 1833, en plena paz y con un tratado de amistad vigente, dos buques de la Corona ocuparon las islas, expulsaron a la población y comenzaron a traer colonos. Por eso, explica Miranda, las Naciones Unidas no reconocen a los isleños como sujeto con derecho a decidir, y por eso las resoluciones 1514 y 2065 instan a Gran Bretaña a negociar.

Con los británicos, la única forma de recuperar las islas es que esa usurpación les resulte cada vez más cara. Sebastián Miranda, minuto 49:11

Petróleo, Antártida y una guerra

¿Qué buscaba Gran Bretaña en 1833 en una isla del fin del mundo? Para Miranda, lo mismo que en Gibraltar: un punto de control de las rutas comerciales entre el Atlántico y el Pacífico, cuando no existía el canal de Panamá, más la pesca y el aceite de ballena. El interés moderno, sostiene, apareció en los setenta con el informe Shackleton y la perspectiva de petróleo, justo cuando —en su lectura— Londres consideraba retirarse. Desde entonces las negociaciones se congelaron, y el objetivo de la operación del 2 de abril de 1982, dice, fue obligar a los británicos a volver a la mesa sin causarles bajas.

Miranda atribuye la derrota a dos errores de cálculo de la Junta: creer que Gran Bretaña no respondería militarmente y que Estados Unidos, por la colaboración argentina en Centroamérica, se mantendría neutral. Presenta además la hipótesis —que atribuye a investigadores como Virginia Gamba y a diputados laboristas de la época— de que a Margaret Thatcher, con alto desempleo y una Armada a punto de ser recortada, la guerra le convenía políticamente, y de que el hundimiento del General Belgrano apuntó a torpedear la propuesta de paz peruana. Márquez agregó un recuerdo: según la sentencia contra Galtieri, dijo, la condena no fue por haber ido a la guerra.

Sobre el combate, Miranda es claro: con el bloqueo de submarinos nucleares, que la Argentina no podía enfrentar, las islas quedaron sitiadas. Aun así, destacó el valor de pilotos y soldados y citó a comandantes británicos que admitieron haber estado a días de tener que retirarse. Murieron 649 argentinos; las cifras oficiales británicas rondan los 250 muertos, y Miranda cree que fueron más.

Esto sale de una charla de 1 h 41 min

La nota es un resumen. La conversación completa, con las preguntas del chat sobre Rosas y los documentales de la guerra, está en el video.

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La desmalvinización

Márquez preguntó quién empezó a esconder la causa. Miranda repartió responsabilidades: el propio gobierno militar, que ocultó a los veteranos al volver; Raúl Alfonsín; los acuerdos firmados durante el menemismo, que califica de “nefastos”; y el kirchnerismo, al que acusa de hablar de soberanía mientras desmantelaba las Fuerzas Armadas. Ambos coincidieron en que películas como Los chicos de la guerra e Iluminados por el fuego transmitieron una imagen falsa del desempeño argentino. Miranda sostuvo que el cambio de clima de la última década lo empujaron los veteranos, no los gobiernos.

Cómo se recupera

La tesis de Miranda, escrita hace doce años y que dice haber escuchado ahora en boca del Presidente, descarta la vía militar —“sería suicida”— y también la ilusión de que alcance con la diplomacia: “Los ingleses no se manejan por principios, se manejan por intereses”. Propone combinar herramientas para que la ocupación deje de ser rentable. Recuerda que, con los espacios marítimos, el territorio en disputa equivale a 5,3 veces la provincia de Buenos Aires. Y pone números: operar un destructor cuesta unos 150.000 dólares por día y cada hora de vuelo de un caza, unos 15.000. Hoy, dice, Gran Bretaña casi no gasta en las islas porque la Argentina no representa una amenaza; con Fuerzas Armadas reequipadas, tendría que multiplicar esa presencia.

El resto de la estrategia: sanciones contra las petroleras y, más allá, contra los intereses británicos en general; una diplomacia que consiga que Chile, Uruguay y Brasil dejen de ofrecer puertos y aeropuertos a la logística de las islas, algo que para él solo se logra si la Argentina es un país económicamente sólido; y políticas de Estado que no cambien con cada gobierno. Valoró el reequipamiento reciente, con los F-16 como ejemplo, y señaló que el embargo británico de componentes militares sigue vigente. “Cada fábrica que se abre, cada puesto de trabajo, nos acerca a la recuperación.”

En el cierre respondió una pregunta del chat: la ocupación no ocurrió bajo Rosas sino durante el gobierno de Balcarce; la supuesta oferta de Rosas de cancelar la deuda con las islas es, dice, un debate abierto que los revisionistas leen como una maniobra para forzar un reconocimiento de soberanía.

Fuentes

  1. “Todo lo que tenés que saber sobre Malvinas”, canal de Nicolás Márquez, con Sebastián Miranda, publicado el 04/09/2026 (minutos citados: 4:20, 6:17, 7:40, 9:48, 11:31, 13:03, 14:43, 15:44, 16:33, 18:02, 18:44, 23:36, 24:08, 34:11, 37:04, 39:20, 42:28, 45:11, 48:32, 49:11, 50:28, 53:24, 55:18, 59:36, 1:05:12, 1:06:12, 1:22:51).
  2. Sebastián Miranda, La guerra del Atlántico Sur. Los mitos desmalvinizadores y estrategias para su recuperación.
  3. Asamblea General de las Naciones Unidas, resoluciones 1514 (XV) de 1960 y 2065 (XX) de 1965.
  4. Documental recomendado por Miranda: Hundan al Belgrano.