“Cuando somos todos iguales ante la ley, el feminismo no tiene razón de ser”: Márquez en un programa chileno
En un programa chileno de 2023, Márquez explica de dónde viene la ideología de género, qué libertades recorta a su juicio y por qué la familia es, para él, el principal antídoto.
En enero de 2023, Nicolás Márquez volvió a un programa chileno transmitido en vivo por internet, cuya conductora ya lo había entrevistado sobre la dictadura de Salvador Allende. Esta vez el pedido fue otro: explicar desde el principio la ideología de género, un tema que, según la anfitriona, preocupa a padres y abuelos que "escuchan cosas a la pasada" y no terminan de entender.
Durante más de una hora, Márquez recorrió la historia del feminismo, la autopercepción, las libertades que a su juicio se recortan, el lugar de la familia y lo que deberían hacer quienes se oponen a esa agenda.
Del sufragismo al pedido de privilegios
Márquez distinguió etapas. La primera ola, el sufragismo, reclamaba derechos políticos y tenía también apoyo de muchos hombres: para él era "un reclamo justo", porque la mujer carecía entonces de derechos que sí tenían los varones. El feminismo del siglo XXI, en cambio, surge en sociedades occidentales donde, sostiene, no hay un solo derecho del que goce el hombre y no la mujer.
Bueno, no tiene ningún sentido. Cuando somos todos iguales ante la ley, el feminismo no tiene razón de ser.Nicolás Márquez, minuto 4:56
Según Márquez, los movimientos actuales ya no piden derechos sino privilegios. Puso como ejemplo el reclamo de que la mitad de los diputados sean mujeres: "pueden ser la mitad, pueden ser más, pueden ser menos", dijo, y propuso que lo decida el votante, recordando que más de la mitad del padrón es femenino.
Para explicar el cambio de rumbo, remitió a pensadores posmarxistas que, ante obreros prósperos que no harían la revolución de clases, apostaron por una revolución cultural: la Escuela de Frankfurt, Antonio Gramsci, Michel Foucault y, en el feminismo, autoras como Simone de Beauvoir y Judith Butler. Según Márquez, trasladaron a la relación entre hombre y mujer la dicotomía entre opresores y oprimidos: dejan de ser complemento para ser enemigos, bajo un sistema llamado patriarcado que para él no existe.
La "superstición de la autopercepción"
Para Márquez, la ideología de género explica la sexualidad humana desde la ideología y no desde la biología, y le quita todo fundamento natural para apoyarlo en lo que llama "la superstición de la autopercepción". Parafraseando a Pablo Muñoz Iturrieta, discutió la idea de haber nacido en el cuerpo equivocado y cuestionó que la ley obligue a los demás a tratar a la persona según lo que cree ser, bajo amenaza de acusaciones de discriminación o delitos de odio.
Insistió en que la llamada operación de cambio de sexo es, dentro de la batalla cultural, también una batalla lingüística: "Yo puedo cambiar de apariencia, no puedo cambiar de sexo", afirmó. Contó que le preguntó a su médico qué haría si le pidiera amputarse un brazo sano: lo mandaría al psiquiatra. Que ante el mismo planteo sobre los genitales la respuesta sea la inversa lo atribuyó a la presión de un lobby.
También criticó la prohibición de las llamadas terapias de reconversión, que prefiere llamar "de afirmación". Aclaró que no es médico ni psicólogo y que no sabe si funcionan, pero sostuvo que prohibirlas atenta contra la libertad científica, la del paciente y la contractual, porque es un acuerdo entre adultos amparado por el secreto profesional.
Sobre el papel del Estado, su posición fue doble: libertad plena en la intimidad —"el estado no tiene que meterse en la cama de nadie"— pero ninguna promoción. Márquez comparó la cuestión con el tabaco: el Estado tolera a quien fuma, pero no lo promueve e incluso advierte en los paquetes de cigarrillos. Criticó que, en cambio, en Occidente se financien marchas, ministerios, planes de estudio y banderas en los edificios públicos con el dinero de los contribuyentes.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoLas libertades en juego
Ante la pregunta de la conductora sobre qué busca en realidad esta agenda, Márquez sostuvo que, lejos de ampliar derechos, "recorta la libertad científica, recorta la libertad de expresión, recorta la libertad educativa". Enumeró también la libertad religiosa, porque incluso los colegios confesionales deben enseñar esos contenidos, y la patria potestad, que definió como el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos según sus propios valores. Mencionó el caso de Canadá, donde, según él, los padres que se apartan de la educación estatal pueden tener problemas para conservar la tenencia de sus hijos.
Volvió además sobre una de sus tesis conocidas: que la homofobia no existe como fobia. Recordó que no figura en el DSM-5 y que la Real Academia Española incorporó la palabra en 2015. Para Márquez, la ideología de género vive de "engaños idiomáticos permanentes": cambiar el significado de las palabras equivale a cambiar la forma de pensar de una comunidad, y eso forma parte de una revolución que ya no es "con bala, con bomba, con crimen político", sino cultural.
La familia, el antídoto
Si la revolución es cultural, razonó Márquez, su enemigo ya no son las Fuerzas Armadas sino la tradición.
El enemigo de la revolución cultural es la tradición cultural de la civilización. ¿Y cuál es nuestra tradición cultural? Es occidental y cristiana.Nicolás Márquez, minuto 36:32
Por eso, sostiene, los blancos principales son las instituciones que transmiten esos valores: la familia y las instituciones religiosas. Explicó que un chico que recibe en la escuela contenidos que considera falsos todavía tiene un antídoto si en su casa hay padres que revisan lo que estudia, se lo discuten y se organizan con otros padres; destruida la familia, "no hay contraste". Recordó el movimiento peruano "Con mis hijos no te metas" y describió la educación sexual integral argentina, con un Día de la Familia convertido en "Día de las familias".
Qué hacer: batalla cultural y batalla política
Consultado sobre qué herramientas recomendaría a padres, abuelos y tíos, Márquez propuso informarse y, sobre todo, formarse, para poder procesar la información y razonar con ella; luego actuar como padres, asociarse en la sociedad civil y reaccionar frente a la clase política, que es la que sanciona las leyes. Para él, la batalla "es cultural y es política", y cada uno puede elegir en cuál participar, pero en alguna hay que estar.
Criticó a la que llama "falsa derecha", a la que atribuyó falta de "agallas" o de preparación para esa discusión, y se sorprendió de que haya dirigentes de Renovación Nacional o de la UDI que hablan en lenguaje inclusivo. Presentó a Vox en España, a Rafael López Aliaga en Perú y a Giorgia Meloni en Italia como reacciones ante una centroderecha que, a su juicio, dejó de serlo.
Sobre la natalidad, Márquez consideró "muy posible" que la llamada agenda globalista busque desalentar la procreación con el enfrentamiento entre sexos, el aborto y la cultura de las relaciones fugaces. Rechazó el argumento de la superpoblación: "toda la población mundial cabe en Argentina", sostuvo.
Al despedirse, anunció que en abril volvería a Chile, en el marco de las actividades por los 50 años del 11 de septiembre de 1973, con una gira desde Santiago hacia Arica por las regiones que aún no había recorrido. Dijo que la prosperidad chilena no fue un "milagro" sino "un gran esfuerzo colectivo", y se mostró preocupado: "es muy fácil destruir un país".
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Fuentes
- “El feminismo no tiene ningún sentido”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 17/01/2023 (minutos citados: 3:40, 4:06, 4:56, 5:46, 6:27, 8:04, 11:13, 12:27, 15:25, 16:08, 19:35, 26:07, 26:48, 27:35, 30:59, 32:51, 33:11, 33:48, 34:43, 35:25, 36:32, 37:36, 41:39, 43:10, 45:10, 53:25, 54:22, 54:46, 55:44, 57:35, 58:48, 59:34, 1:01:59, 1:09:23, 1:11:26, 1:12:23).
- Nicolás Márquez y Agustín Laje, El libro negro de la nueva izquierda