Por qué el Che sigue en las remeras
Mano a mano con Bertie Benegas Lynch —pariente lejano de Guevara—, Nicolás Márquez desarma los elementos del mito y lo que las películas prefieren no mostrar.
Para escribir La máquina de matar, Nicolás Márquez leyó unos cuarenta libros, varios de mil páginas: las memorias completas de Guevara y las biografías de Jon Lee Anderson, Paco Ignacio Taibo II, Jorge Castañeda y Pierre Kalfon, entre otras. Lo mostró a cámara en Demoliendo mitos, el ciclo de Bertie Benegas Lynch, para sostener una idea: el problema de los guevaristas es que no conocen al Che.
La charla tuvo un detalle familiar. Benegas Lynch recordó que su abuelo era primo del padre de Ernesto Guevara Lynch, y que su padre, Alberto Benegas Lynch (h), había escrito sobre ese parentesco. Márquez, por su parte, le agradeció a este último el prólogo que le escribió años atrás para su biografía de Evo Morales.
Los ingredientes del mito
Márquez define el mito como una persona o cosa a la que se le atribuyen cualidades que no tiene, y encuentra en Guevara los rasgos de los grandes mitos del siglo XX: era buen mozo, transgresor y murió joven, como James Dean, Marilyn Monroe, Eva Perón, Janis Joplin o Jim Morrison. Fidel Castro, que murió viejo, “podrá ser un personaje histórico, pero nunca un mito”. A eso suma el sello ideológico: citando a Armando Ribas, a la izquierda se la juzga por sus objetivos supuestamente nobles y no por sus resultados.
Y está el argumento del idealista que “murió por sus ideas”. Márquez lo rechaza de plano: lo que le importa no es cómo murió Guevara sino a cuántos mató para imponer esas ideas. En Bolivia, recuerda, entró clandestinamente con cubanos para derrocar a un gobierno votado por dos tercios de los bolivianos, y dejó 49 muertos. En 2025 repasó esa guerrilla en la televisión boliviana.
No fue Jesucristo, que no mató a nadie, predicó y lo condenaron. Nicolás Márquez, minuto 11:07
Lo que la película no muestra
De los catorce fusilamientos que Guevara confiesa en su diario de la Sierra Maestra, la película protagonizada por Benicio del Toro muestra uno solo: el de un violador, el único que el espectador puede aceptar como justicia por mano propia. Los otros trece, según Márquez, fueron por faltas mínimas. El primer film termina cuando los rebeldes entran en La Habana y el segundo empieza en Bolivia: lo que pasó en el medio queda afuera.
Lo que pasó en el medio fue La Cabaña, la fortaleza convertida en cárcel donde se hacían juicios de diez o quince minutos sin derecho a defensa. Márquez dice tener testimonios de miembros de aquellos jurados y calcula que, sobre unos mil fusilados, Guevara disparó personalmente alrededor de 170. Y aclara que el Che fue “un actor” más: la purga se repitió en todas las provincias.
El primer campo para homosexuales
Guanahacabibes, el campo que Guevara diseñó para castigar —no exterminar— a homosexuales, también recibió a católicos, evangélicos, adventistas y testigos de Jehová: nadie con una “mancha” cabía en el hombre nuevo socialista. Márquez lo enmarca en una política común al bloque —el artículo 121 del Código Penal soviético castigaba la sodomía con trabajo forzado en los gulags— y recomienda ver Conducta impropia, el documental sobre la UMAP, disponible en YouTube, y la película basada en las memorias de Reinaldo Arenas, Antes que anochezca.
La nota es un resumen. La charla completa, con el repaso de la crisis de los misiles y el final en Bolivia, está en el video.
Ver el video completoLa revolución que se decía anticomunista
Márquez insiste en un punto que considera “irrefutable” porque está filmado: en la sierra, Fidel Castro grababa mensajes —incluso en inglés— donde se declaraba demócrata y anticomunista. La Cuba de 1958, sostiene, era la tercera economía de América Latina después de la Argentina y Uruguay, y el Partido Comunista no tenía un solo diputado. La revolución no ganó en el campo de batalla sino por el derrumbe político de Batista y el apoyo de una población que no sabía lo que venía.
Cuando el rumbo se hizo evidente, los comandantes no comunistas desaparecieron. Huber Matos, gobernador de Camagüey, renunció y fue arrestado por Camilo Cienfuegos; esa misma semana, Cienfuegos se perdió en un vuelo del que nunca se encontraron rastros. Hay un documental en YouTube, ¿Quién mató a Camilo?, que plantea las distintas hipótesis. De los cinco grandes comandantes, resume, en una semana quedaron tres.
Un hombre veraz
Hay una cosa que Márquez le reconoce a Guevara: a diferencia de Castro, “un gran mentiroso”, escribía con veracidad —con la salvedad de algún texto que, se dice, retocó la inteligencia cubana—, y en esos textos habla de sus homicidios con frialdad y hasta con humor. También cuenta que, según Juan Bautista Yofre en Fue Cuba, en Praga Guevara escuchaba todo el día “Nowhere Man”, de los Beatles. Para Márquez, la canción lo resume: un hombre de ningún lugar, que había fracasado como padre, como médico, como banquero, como ministro y como guerrillero, y al que sin embargo se lo recuerda con la frase “hasta la victoria siempre”.
Notas relacionadas
Fuentes
- “La verdadera cara del Che Guevara”, entrevista de Bertie Benegas Lynch en Demoliendo mitos, canal de Nicolás Márquez, publicada el 06/12/2021 (minutos citados: 2:53, 3:47, 4:40, 5:12, 5:45, 6:15, 10:51, 11:07, 11:27, 14:09, 17:26, 19:19, 20:23, 21:35, 23:50, 25:20, 25:46, 28:32, 30:42, 34:23, 36:02, 38:49, 40:25, 41:46, 42:09, 52:00, 52:44, 59:25).
- Nicolás Márquez, La máquina de matar. Biografía definitiva del Che Guevara. Hojas del Sur / Unión Editorial, 2017.
- Juan Bautista Yofre, Fue Cuba. La infiltración cubano-soviética que dio origen a la violencia subversiva en Latinoamérica. Sudamericana, 2014.
- Conducta impropia (1984), documental de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal.