Una cerveza en cuarentena: Márquez y Laje sobre liberalismo, batalla cultural y la nueva derecha
En un vivo de abril de 2020, Márquez desde Mar del Plata y Laje desde España hablaron de sus libros en preparación, de la crítica liberal a los adjetivos, del economicismo y de una nueva derecha que, según Laje, todavía no tiene su teoría.
En los primeros días de la cuarentena de 2020, Nicolás Márquez y Agustín Laje trasladaron a un vivo de YouTube una costumbre que, según contaron, repetían en los bares: hablar de política con una cerveza de por medio. Márquez se conectó desde Mar del Plata; Laje, desde el norte de España, donde cursaba un máster en filosofía. La charla, publicada el 6 de abril, recorrió los libros que ambos tenían en preparación, la acusación de “no ser liberal” que recibía Márquez por sus adjetivos, la diferencia entre respeto y tolerancia, el economicismo de los sectores liberales y una pregunta de fondo: qué es y hacia dónde va la nueva derecha.
Dos libros en el encierro
Márquez contó que llevaba mal el encierro, pero que la cuarentena le permitía dedicar siete u ocho horas diarias a un libro sobre la década del 70. Explicó que sus tres títulos sobre el tema —La otra parte de la verdad, La mentira oficial y El Vietnam argentino— los había escrito quince años atrás, con una preparación que hoy considera insuficiente, y que por eso nunca los reeditó. Su objetivo, dijo, era un libro definitivo pensado para un público nuevo: chicos muy jóvenes, en la Argentina y en América Latina, que no vivieron aquella época ni tienen a mano esa bibliografía.
Laje, por su parte, adelantó el libro sobre la batalla cultural que había empezado en 2014 y que interrumpió para escribir con Márquez El libro negro de la nueva izquierda. Calculaba publicarlo hacia octubre de ese año. No sería, aclaró, un libro de crítica como el Libro negro, sino uno con “un propósito político bien claro que es rearmar una suerte de nueva derecha” con instrumentos teóricos y prácticos para esa lucha. Márquez aprovechó para decirle en público lo que, según él, ya le había dicho en privado: que lo considera el mejor intelectual de la derecha de habla hispana. Laje respondió que no se ve en un cargo electivo y que prefiere leer y escribir. Dos años después, Márquez lo entrevistó sobre ese libro en un vivo dedicado a La batalla cultural.
Los adjetivos y el liberalismo
Uno de los tramos centrales fue la crítica que Márquez recibía desde ciertos sectores del ambiente liberal por el tono de sus textos. Su respuesta se apoyó en una idea que atribuyó a Armando Ribas, a quien llamó “un maestro”:
Liberalismo no es una conducta ante la vida, es un sistema político. Y yo adhiero a ese sistema político fundado en la libertad individual.Nicolás Márquez, minuto 19:39
Para Márquez, lo antiliberal sería pretender que el Estado castigue a quien uno critica, algo que dijo que “jamás” se le ocurriría. Recordó que otros autores liberales usaron calificativos durísimos y puso como ejemplo a Javier Milei, a quien nadie, dijo, podría negarle su condición de liberal por su forma de hablar. “¿Dónde está escrito que el liberal tiene que ser un tipo modosito de un léxico pusilánime sin salirse del catecismo políticamente correcto?”, se preguntó.
Laje sumó una distinción conceptual. A su juicio, la palabra que define al liberal no es “respeto”, que considera algo subjetivo, sino “tolerancia”, en la línea de los ensayos de John Locke. “Uno respeta la libertad del otro, independientemente si lo respeta o no”, sostuvo: la libertad ajena se vulnera cuando se usa la fuerza para impedir que alguien despliegue su proyecto de vida dentro de la ley, no cuando se lo critica. Y agregó que “es muy fácil tolerar aquello que uno aplaude, pero no es nada fácil tolerar aquello que a uno le desagrada”.
Márquez completó la idea con una objeción a la definición del liberalismo como respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo. Su ejemplo fue el de alguien cuyo proyecto es manejar a 250 kilómetros por hora: para él, la vida en comunidad exige semáforos, multas y reglamentaciones razonables de la libertad. Laje coincidió y criticó los “modelos antropológicos” basados en personajes de ficción, como John Galt o Robinson Crusoe: el hombre, dijo, es social por naturaleza.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoPrimero la batalla cultural
Márquez planteó luego una preocupación que, según dijo, se repite en toda América Latina: el economicismo de los sectores liberales, que reducen el análisis a la libre empresa y el mercado. “Yo creo que está primero la batalla cultural y después la económica”, afirmó. Laje “subió la apuesta”: recordó que Adam Smith era un filósofo moral y Locke un filósofo político, y que el liberalismo terminó “enfrascado” en la teoría económica.
Como ejemplo, Laje citó las filas de jubilados que se habían amontonado días antes en los bancos argentinos para cobrar: según él, el Estado nunca educó a esa gente para usar un cajero o una tarjeta de débito, pero sí invirtió en enseñar lenguaje inclusivo. Para Laje, “la economía misma se sostiene sobre las ideas”, y lo ilustró con Chile, cuyo modelo económico, a su juicio, estaba en jaque por una crisis cultural y no económica.
La pandemia dio pie a otro ejemplo. Márquez y Laje comentaron el anuncio del presidente peruano que dividía las salidas por días según fueran hombres o mujeres, con la aclaración de que cada uno podía hacerlo según cómo se autopercibiera. Para Laje, la emergencia mostraba que la agenda de género chocaba con los problemas reales. Márquez lo resumió con una frase de Ben Shapiro —“a los hechos no les importan tus sentimientos”— y habló de una “dictadura de los ofendidos”.
Una nueva derecha en busca de su teoría
Hacia el final, Márquez le preguntó a Laje cómo veía a la derecha en Occidente. La respuesta fue el núcleo de la charla:
Creo que hay una nueva derecha que ya existe políticamente, pero lamentablemente no ha cristalizado todavía en una doctrina o en un conjunto de ideas sistemáticas organizadas por intelectuales que tengan ese rótulo, nueva derecha.Agustín Laje, minuto 49:42
Laje describió una “tríada” política —Vox en España, Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil— y una dispersión de pensadores, de Jordan Peterson a Ben Shapiro. Lo político, dijo, iba por delante de lo intelectual, y la tarea era alcanzarlo: mostrar que la historia, la moral, la antropología y, con Roger Scruton, la belleza importan.
Márquez trazó una comparación con el pensamiento cristiano: primero la patrística, con pensadores dispersos como San Agustín, y luego la escolástica, que con Santo Tomás ordenó ese legado. A su juicio, la derecha estaba todavía en la primera etapa y, además, actuaba siempre por reacción. Laje respondió con una imagen futbolera —los once jugadores metidos en el arco— y propuso sumar también a los nacionalistas, frente a lo que llamó la predominancia de los organismos internacionales.
Fue Laje quien recordó una síntesis que Márquez había formulado un año antes en Buenos Aires, en una charla compartida con Milei, y que el propio Márquez repitió:
Hay que armonizar una suerte de alianza o de comunión donde haya liberales que comprendan y adhieran a que la vida empieza desde la concepción, conservadores que entiendan que la tradición tiene que estar al servicio del progreso y nacionalistas que no confundan el amor a la patria con el amor al Estado.Nicolás Márquez, minuto 56:43
Para Laje, una frase así debería abrir un eventual manifiesto de la nueva derecha. Márquez desarrolló esa idea en 2021, en un video sobre las tres derechas.
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Fuentes
- “Cerveceando: charla distendida con Agustín Laje sobre asuntos varios”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 06/04/2020 (minutos citados: 0:34, 3:29, 6:42, 7:47, 9:52, 10:10, 11:22, 12:01, 12:36, 14:10, 18:53, 19:39, 21:30, 23:56, 24:59, 25:37, 31:04, 32:49, 36:27, 37:27, 38:27, 39:14, 40:03, 42:25, 43:06, 46:08, 47:13, 48:10, 49:42, 50:46, 52:05, 53:06, 54:10, 55:07, 56:43, 57:17).