Ídolos y cultura popular

Márquez y Carlos Alazraki: los ídolos de la izquierda, el Foro de San Pablo y el México de López Obrador

En la casa del publicista mexicano, Márquez repasa los personajes de Ídolos con pies de barro, el origen del Foro de San Pablo y el lugar de México en el giro político de la región.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 6 min de lectura

Durante su paso por México para presentar Ídolos con pies de barro, Nicolás Márquez fue recibido por el publicista Carlos Alazraki en su casa, en una emisión dominical de su programa de entrevistas. Durante casi una hora hablaron del cambio de signo político en América Latina, de los ocho personajes del libro, del origen del Foro de San Pablo y de la situación mexicana, con López Obrador y Claudia Sheinbaum en el centro de la charla. Márquez ya había expuesto la estructura y los personajes de la obra a comienzos de 2026.

Alazraki abrió con una pregunta directa: por qué, de repente, lo que era rojo en la región se volvió azul. Márquez señaló dos factores concurrentes: el desgaste de los gobiernos de izquierda y el fruto de lo que hoy se llama batalla cultural.

Del economicismo a la batalla cultural

Según Márquez, durante años la derecha se ocupó solo de la materia económica, con gráficos, índices de inflación y cálculos de PBI, una propuesta tecnocrática que no entusiasmaba al público, mientras la izquierda abarcaba todo el campo cultural. Como la gente vota muchas veces en función de la emoción, recordó una frase de Agustín Laje: “la gente no vota cuentas, vota cuentos”. Cuando ese sector empezó a dar el combate cultural, sus ideas comenzaron a impregnar al gran público y a cruzarse con las ideas hegemónicas del progresismo.

A eso, sostuvo, se sumó que las ideas de izquierda no prosperaron en ningún lugar del mundo. Pero advirtió que los triunfos recientes de la derecha en la región se dieron con muy poco margen: “no nos sobra nada”.

Márquez también aclaró por qué no opinaría en los mismos términos que su anfitrión sobre la política interna mexicana: como extranjero, explicó, un artículo de la Constitución le impide hacerlo.

Ocho ídolos, una historieta

Alazraki enumeró los personajes del libro: Frida Kahlo, el Che Guevara, Diego Maradona, el papa Francisco, Hugo Chávez, Michel Foucault, Salvador Allende y Eva Perón. Márquez explicó el criterio: la batalla cultural abarca todos los campos de la vida social, desde el fútbol hasta la academia, la religión, el arte, la historia y la guerrilla, y en cada uno la izquierda tiene un ídolo. Según el autor, a estos personajes “se les ha inventado una historieta, no una historia”, y gozan de notoriedad pero no de conocimiento.

No puede mostrar números, no puede mostrar proyectos políticos exitosos, no puede mostrar un antes y un después.Nicolás Márquez, minuto 8:45

Por eso, sostuvo Márquez, la izquierda muestra ídolos para influir en la opinión pública, sobre todo en una juventud que lee poco y está expuesta al mundo de la imagen. Citó a Georges Sorel para describir ese mecanismo como un mito que moviliza políticamente.

Sobre Frida Kahlo, repitió que no tuvo vínculo alguno con el feminismo ni con la mexicanidad folclórica que hoy se le atribuye: la describió como estalinista, de clase acomodada, casada con un pintor que ganaba en Manhattan, y recordó la carta que, según él, escribió tras el aborto al que la presionó Diego Rivera, y de la que el libro trae fragmentos. Sobre el Che, a pregunta de Alazraki, explicó que la persecución de los homosexuales no fue algo propio de Guevara sino del comunismo del siglo XX, con el Código Penal soviético y la Cuba castrista como ejemplos; mencionó el campo de Guanahacabibes, al escritor Reinaldo Arenas y el documental Conducta impropia.

Márquez y Carlos Alazraki conversan casi una hora sobre los ídolos de la izquierda, Chávez, el Foro de San Pablo y la política mexicana.

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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Maradona y Francisco

Márquez analizó a Maradona desde dos ángulos, dentro y fuera de la cancha. Reconoció que el Mundial de 1986 fue extraordinario, pero sostuvo que su brillo se concentra en ese torneo y en unos pocos años alrededor, y aportó cifras propias: unos 300 goles en 21 años de carrera y, según su cuenta, un gol cada 200 días en sus últimos siete años como profesional. Como entrenador lo calificó de “calamidad”. Fuera de la cancha, lo describió como un instrumento de la izquierda que hizo propaganda para el castrismo y el chavismo mientras llevaba un reloj Hublot en cada mano.

Cuando Alazraki propuso saltear al papa porque no le gusta hablar de religión, Márquez insistió en que Francisco se puede analizar desde una perspectiva mundana. Para él, ser de izquierda es incompatible con la doctrina católica, y por eso lo define como un papa “anticatólico”. Sostuvo que no lo juzga como activista social sino por su rol institucional, y ubicó sus influencias en el peronismo y en la teología de la liberación de los años 60 y 70.

Chávez y el Foro de San Pablo

Márquez admitió que Chávez es el único personaje que no encaja del todo en la idea del libro, porque ya casi nadie lo defiende. Lo incluyó, explicó, porque tras la caída de la Unión Soviética proliferó un triunfalismo en el mundo libre, simbolizado en el libro de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia, y apenas años después un continente entero estaba pintado de rojo. Lo describió como un personaje grotesco y folclórico, pero que “de tonto no tenía un pelo”.

A pedido de Alazraki, reconstruyó el origen del Foro de San Pablo: según su relato, Fidel Castro advirtió que la Unión Soviética tenía fecha de vencimiento, habló con un Lula todavía joven y en 1990 se hizo la primera reunión para repensar la revolución. Márquez atribuyó su financiamiento a las FARC y, más tarde, al petróleo venezolano en tiempos de precios altos. Tras el descrédito de varios de sus referentes, sostuvo, en 2019 el foro dio paso al Grupo de Puebla, al que considera una continuidad “con un maquillaje”, y anticipó que la izquierda prepara un tercer formato tras haber perdido, en su estimación, el 90 por ciento de su poder en la región.

López Obrador, Sheinbaum y una advertencia

Márquez se definió como un hombre de derecha, “conservador liberal”, y opinó que López Obrador, radical en sus discursos previos, terminó por el realismo político en un “presidente mediocre, malo”, con un Estado grande y apego a los subsidios. Pero marcó una diferencia: en México no hay dictadura ni presos políticos ni exiliados, como sí ocurre, según él, en Venezuela, Cuba y Nicaragua. También le preguntó a su anfitrión por qué en sus conferencias le consultaban más por López Obrador que por Sheinbaum.

Alazraki, por su parte, repasó elecciones locales recientes que, a su juicio, muestran señales positivas para la oposición de cara a las intermedias y a 2030, y expresó su temor por los órganos electorales. Márquez lo resumió: su temor no son los votos, sino quién los cuenta.

La derecha está de moda, tenemos que entender que eso no es bueno, porque las modas tienen una naturaleza transitoria, provisoria, como toda moda.Nicolás Márquez, minuto 49:00

Por eso, sostuvo, hay que redoblar la apuesta en la batalla cultural para que estas ideas se consoliden, pedir paciencia, persuadir y no caer en el triunfalismo de la derecha posterior a la caída soviética. Al cierre, anunció que presentará el libro en varias ciudades de México y que el itinerario está en sus redes sociales. Pocos días antes había iniciado esta misma gira de presentaciones ante el público mexicano.

Fuentes

  1. “¿Los héroes de la izquierda son villanos o degenerados? | Nicolás Márquez y Carlos Alazraki”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 19/10/2026 (minutos citados: 2:55, 3:28, 4:21, 5:00, 5:52, 7:13, 8:45, 9:21, 10:33, 12:00, 14:19, 15:48, 17:09, 18:03, 19:31, 21:32, 23:34, 23:53, 26:21, 28:57, 29:31, 30:56, 31:33, 33:22, 35:59, 36:32, 36:55, 38:13, 38:36, 39:47, 41:47, 49:00, 49:20, 50:08, 51:23, 52:20).
  2. Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre