Allende, en sus propias palabras
Dos horas en vivo con Agustín Laje: el “Kerensky chileno”, la respuesta a la Corte Suprema, la economía de 1973 y el último día en La Moneda.
La idea del libro fue de Agustín Laje. Él le propuso a Nicolás Márquez escribir sobre Pinochet; Márquez decidió empezar por lo anterior, porque —dijo— si hubiera escrito sobre Pinochet, las primeras 220 páginas habrían sido este libro. Semanas después de la presentación en Chile, los dos se sentaron a repasarlo en una transmisión en vivo en el canal de Laje, que pasó las 3.000 personas conectadas. Laje abrió mostrando una foto que Márquez le había mandado: ejemplares pirateados de La dictadura comunista de Salvador Allende en un puesto callejero de Santiago.
Laje había leído el libro entero y lo fue citando página por página. El resultado es menos una presentación que una lectura en voz alta de las pruebas.
El Kerensky chileno
El primer capítulo toma su título de un libro de 1968, Frei, el Kerensky chileno. Márquez explica la referencia: Aleksandr Kerensky fue el socialista moderado que, a fuerza de concesiones, le allanó el camino a Lenin. Para él, la Democracia Cristiana de Eduardo Frei Montalva —atravesada por la teología de la liberación— cumplió ese papel: reforma agraria, controles de precios, emisión, y un discurso que ablandó el temor al comunismo. En 1970 Allende sacó el 36% y Jorge Alessandri el 35%, a 39.000 votos; el Congreso definió, y la DC eligió a Allende a cambio de un Estatuto de Garantías. Márquez tituló ese capítulo “El inservible papelito”.
Tres años después, el mismo Frei le decía al diario español ABC que “los militares han salvado a Chile”, y que la guerra civil “estaba perfectamente preparada por los marxistas”. Laje leyó la cita, que el libro transcribe junto con declaraciones en el mismo sentido de Patricio Aylwin.
La respuesta a la Corte
¿Por qué dictadura, si llegó por los votos? Márquez responde con el ejercicio del poder: un Congreso ignorado, ministros destituidos por el Parlamento que Allende cambiaba de cartera o ascendía, gobierno por “decretos de insistencia” —una figura pensada para catástrofes— y “resquicios legales” para justificar expropiaciones. Cuando la justicia ordenaba devolver campos y empresas tomados por la fuerza, los carabineros tenían orden de no ejecutar los fallos. La Corte Suprema reclamó una y otra vez. Laje leyó la respuesta que el libro cita:
En un período de revolución, el poder político tiene derecho a decidir en último recurso si las decisiones judiciales se corresponden o no con las necesidades históricas de transformación de la sociedad. Respuesta del gobierno de Allende a la Corte Suprema, leída por Agustín Laje, minuto 40:04
Para Márquez, esa es “la confesión que confirma el título del libro”. Laje agregó otra frase del ministro de Justicia —“la revolución se mantendrá dentro del derecho mientras el derecho no pretenda frenar la revolución”— y una distinción de Carl Schmitt: la dictadura comisarial, que suspende la ley por un tiempo para restaurar el orden, y la soberana, que usa la suma del poder para transformar la sociedad. Una revolución por vía electoral, concluyó, puede ser dictatorial.
Quién llevó a los militares al gobierno
Márquez da vuelta otro lugar común: fue Allende quien metió a los militares en el gabinete, cuando se sintió débil tras perder las parlamentarias de 1973. El general Carlos Prats llegó a ministro del Interior. De Prats cuenta una escena que califica de impropia de la segunda figura del gobierno: una mujer le sacó la lengua desde otro auto en plena calle y él le disparó al vehículo. Poco después, una manifestación de esposas de oficiales frente a su casa le mostró que ya no tenía el respaldo de sus propios mandos.
La nota es un resumen. La lectura completa, con las citas del libro, está en el video.
Ver el video completoLos números de 1973
Laje leyó la radiografía económica que trae el libro: en agosto de 1973 la inflación anual era de 1.087% según el Instituto Nacional de Estadísticas y de 2.096% según el Departamento de Economía de la Universidad de Chile; el déficit fiscal llegaba al 21,3% del producto; las reservas en divisas alcanzaban para dos días de importaciones de alimentos, y convivían siete tipos de cambio oficiales con un dólar negro que más que duplicaba al más alto. Entre 1970 y 1972 hubo 3.446 huelgas. Márquez suma las colas para conseguir harina o jabón y los cacerolazos nocturnos de las mujeres, “un bombardeo de ollas en todo Chile”.
La violencia política acompañaba. El libro contabiliza 1.198 víctimas de atentados, y Laje leyó un solo mes, febrero de 1973: un chico de 14 años baleado en un ataque a una sede del Partido Nacional, diez carabineros heridos en Llanquihue, un militante demócrata cristiano acribillado en Quilicura, y un parte del propio Prats con cuatro muertos y 67 atentados en una jornada.
“Lo derrocó el pueblo”
El 22 de agosto de 1973 la Cámara de Diputados declaró la ilegalidad del gobierno, en línea con la Corte Suprema y la Contraloría. Márquez cuenta que, en sus charlas, repartía ese acuerdo sin las referencias a Chile y preguntaba de qué país hablaba; la respuesta era Venezuela. Hoy, dice, el texto ya no aparece en internet, y tuvo que conseguirlo con ayuda de colegas chilenos. Los tres expresidentes vivos —González Videla, Alessandri y Frei— apoyaron el pronunciamiento. Para sostener que fue el pueblo quien lo sacó, Márquez se apoya en un libro de Julio Bazán cuyo título lo dice todo, Lo derrocó el pueblo, y en una frase de Eudocio Ravines: Allende no sufrió una derrota militar sino popular.
No apoyar el alzamiento militar implicaba convalidar la dictadura comunista de Allende. No se trata de una dicotomía entre golpistas y demócratas. Fragmento del libro leído por Agustín Laje, minuto 1:31:26
El mismo fragmento aclara que apoyar el 11 de septiembre no equivale a suscribir los 17 años de gobierno de Pinochet, tema que Márquez reserva para un próximo libro. Del último día reconstruye el apuro de la Marina, el ultimátum, el avión ofrecido para salir del país y la soledad de Allende en La Moneda: nadie salió a defenderlo. Se suicidó con el fusil que le había regalado Fidel Castro, como declaró su médico, Patricio Guijón, y como confirmó en 2011 el peritaje pedido por su propia familia. Un año después, a 50 años del 11 de septiembre, volvió sobre la muerte de Allende en un discurso en una plaza chilena.
La yapa
El cierre fue sobre corrupción, un tema que Márquez dice haber tocado poco. Apoyado en los trabajos del académico chileno Víctor Farías, el libro menciona negociados con el mercado negro, la compra del diario Clarín por una sociedad vinculada a Allende y los depósitos a nombre de su secretaria, Miria Contreras, “la Payita”. Márquez trazó una diferencia: a Guevara, a quien describe como un asesino, no lo considera corrupto. A Allende, sí.
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Fuentes
- “Tremenda presentación del libro La dictadura comunista de Salvador Allende junto con Agustín Laje”, canal de Nicolás Márquez, publicada el 14/09/2022 (minutos citados: 5:07, 12:41, 13:16, 17:56, 19:34, 25:41, 28:00, 28:45, 33:39, 38:08, 40:04, 40:41, 42:24, 43:24, 50:05, 58:51, 59:19, 1:06:13, 1:09:04, 1:12:56, 1:17:21, 1:19:02, 1:21:10, 1:24:59, 1:25:13, 1:28:23, 1:29:23, 1:31:26, 1:36:45, 1:40:30, 1:43:02, 1:45:44, 1:49:33, 1:52:55).
- Nicolás Márquez, La dictadura comunista de Salvador Allende. Hojas del Sur (Argentina) y Entre Zorros y Erizos (Chile), 2022.
- Julio Bazán, Lo derrocó el pueblo.
- Eudocio Ravines, El rescate de Chile. Ediciones Soberanía, 1974.