Batalla cultural

En Montevideo, contra el “centro funcional”: el discurso de Márquez en el Viva la Derecha Fest

En el festival que casi se suspende en Uruguay, Nicolás Márquez sostuvo que los partidos de centro allanan el camino a la izquierda y llamó a completar la batalla cultural con una batalla electoral.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 5 min de lectura

Nicolás Márquez fue uno de los oradores del Viva la Derecha Fest, un encuentro realizado en Montevideo que compartió cartel con Agustín Laje, entre otros. Ante un auditorio que, según él mismo calculó, rondaba las dos mil personas, dio un discurso de una media hora dirigido sobre todo al público uruguayo, poco después de la llegada al gobierno del Frente Amplio.

El eje de la exposición no fue la izquierda sino lo que Márquez llama el “centro funcional”: los partidos que, en su lectura, hacen de oposición pero terminan preparando el regreso de la izquierda. Desde ahí pasó a la distinción entre adversarios y enemigos, al lugar de la batalla cultural y a una tesis que repitió varias veces: convencer no alcanza si después no hay a quién votar.

El centro como “primo hermano” de la izquierda

Para Márquez, los verdaderos responsables de los triunfos de la izquierda son los “falsos opositores”, a los que describe como partidos que actúan “la comedia opositora”. Para ilustrarlo dio tres ejemplos regionales: Mauricio Macri en la Argentina, Iván Duque en Colombia y Sebastián Piñera en Chile. Según su lectura, los tres gobernaron sin cuestionar la agenda cultural heredada y terminaron entregando el poder a una izquierda “recargada y aumentada”. Márquez ya había calificado de “fiasco” la ola de gobiernos de Macri, Piñera y Duque en enero de 2021, en su exposición sobre las tres derechas.

Conclusión: por el centro penetra la izquierda. El centro trabaja para la izquierda. El centro es primo hermano de la izquierda. No le cuestiona nada fundamental, nada esencial; todo refiere a lo formal, a lo estético, al aspecto absolutamente accidental.

Nicolás Márquez, minuto 6:45

El mecanismo, explicó, es el del “mal menor”: quien no se siente representado por la izquierda termina votando a la opción aparentemente menos dañina, cuya función, según Márquez, es “anestesiar la reacción”. También sostuvo que el centro llega al poder sin preparación ni convicciones, con campañas armadas sobre focus groups, y que por esa falta de fundamento filosófico termina adoptando la agenda que él llama woke, además de seguir con políticas económicas estatistas. Márquez había planteado esa tesis en noviembre de 2024, tras el triunfo del Frente Amplio, en un comentario sobre el centro como enemigo.

Adversarios y enemigos

Para explicar la diferencia recurrió a un ejemplo cotidiano: si hay que construir un puente en Montevideo, los bloques políticos pueden discutir dónde ponerlo o cómo financiarlo (con peaje, con un crédito o con impuestos) y llegar a un proyecto intermedio, porque todos buscan el bien común. Eso, dijo, es tener un adversario. Con el aborto no pasa lo mismo: sostuvo que ahí no hay punto intermedio posible y que el diálogo no sirve para consensuar sino para derrotar al otro “en materia política, en materia cultural, en materia argumentativa”.

Márquez agregó que la izquierda que en los años setenta, con los tupamaros o los montoneros, quiso destruir “por la fuerza” los cimientos de la civilización occidental hoy persigue lo mismo por otros medios. Según él, cambió al Che Guevara por la bandera multicolor y las bombas por palabras como inclusión, empatía y diversidad. Como católico, también expresó su deseo de que el siguiente cónclave eligiera un papa que, en sus palabras, recuperara los valores que a su juicio se habían distorsionado.

Esto sale de un discurso de 33 minutos

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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Formarse por obligación, no por gusto

En la parte central del discurso definió la batalla cultural como “un esfuerzo, una entrega intelectual, discursiva, de difusión, de acción” para persuadir a la mayoría, con recursos muy inferiores a los del adversario. El camino que propuso tiene tres pasos: informarse, formarse y después salir a debatir. Consideró que la tarea no es tan difícil, porque según él la izquierda se limita a repetir “un catecismo”.

A quienes dicen que no les gusta la política les contestó con una comparación: se puede no disfrutar de la ópera o de las novelas, pero la política se mete igual en la vida de cada uno, a través de los impuestos, la propiedad y la educación de los hijos.

Pero ¿saben cuál es el problema? Hay que obrar por obligación y en defensa propia. No nos queda otro remedio. Esto no es una cuestión de gustos o de preferencias.

Nicolás Márquez, minuto 20:08

De la batalla cultural a la batalla electoral

El otro argumento central fue que la batalla cultural queda “a mitad de camino” si no se traduce en votos. Llenar auditorios o vender libros no sirve de nada, planteó, si al final gana la izquierda o un centrismo transitorio. Dio como ejemplo la Argentina: antes de la aparición de Javier Milei había que votar “al menos repugnante”, y la multitud convencida solo encontró representación con un candidato outsider. Por eso llamó a dar la batalla electoral al mismo tiempo que la cultural, para que dirigentes propios ocupen el Estado y cambien la legislación. La misma secuencia de informarse, formarse y actuar, con la batalla política como complemento de la cultural, la había planteado en marzo de 2023 ante un sacerdote mexicano.

También discutió con las corrientes cristianas que aconsejan no meterse en política. Aclaró que no hablaba de teología sino de valores culturales compartidos por cualquiera que pertenezca a Occidente, sea creyente o no: que robar, matar y mentir está mal. Si la mentira existe, razonó, también existen verdades objetivas. Desde ahí criticó la figura del “crimen de odio”, que para él es un recurso para censurar la disidencia.

Decir la verdad y usar las redes

Hacia el final retomó una máxima que repitió como consigna: “La primera ley de la historia es no mentir, y la segunda no tener miedo de decir la verdad”, y pidió decirla “oportuna e inoportunamente”, aun a costa de perder vínculos. Sostuvo que la mayoría de los uruguayos piensa como el público presente pero no lo sabe, porque los tres grandes partidos coinciden en lo cultural y eso da una apariencia de consenso. Destacó que las redes sociales terminaron con el monopolio de la palabra que tenían los medios tradicionales y ahora permiten discutir y exponer a quienes antes hablaban sin réplica.

Cerró agradeciendo a los organizadores y contó que el festival estuvo a punto de no hacerse, porque el hotel donde iba a realizarse canceló la reserva. Según Márquez, la cancelación respondió a que el evento no coincidía con la orientación del nuevo gobierno.

Fuentes

  1. “Discurso de Nicolás Márquez en el Viva la Derecha Fest”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 22/05/2025 (minutos citados: 2:56, 4:10, 5:24, 6:33, 6:45, 7:11, 9:32, 10:32, 11:15, 12:44, 13:36, 14:37, 17:11, 18:38, 20:08, 20:38, 21:53, 23:03, 23:44, 25:06, 26:34, 27:29, 28:34, 31:13).