Milei y la política actual

Subordinación y valor: por qué, para Márquez, exigir lealtad no contradice el liberalismo

En un vivo de enero de 2026, Márquez responde a quienes acusan al gobierno de Milei de antiliberal por exigir disciplina a sus funcionarios: la diferencia entre el que opina libremente y el que integra una estructura, entre lealtad y obsecuencia, y entre autoritarismo y totalitarismo.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 5 min de lectura

Un sábado de fines de enero de 2026, después de la primera edición de la Derecha Fest, Nicolás Márquez hizo un vivo en su canal para responder a una crítica que circulaba entre comentaristas y youtubers: que el gobierno de Javier Milei no sería liberal porque exige obediencia a los suyos. El disparador, según explicó, fue una frase de Karina Milei sobre la necesidad de ser “obediente y orgánico” dentro del espacio. Para Márquez, esa lectura confunde dos planos que deben distinguirse: lo que puede hacer cualquier ciudadano y lo que corresponde a quien ocupa un cargo dentro de un proyecto político.

Durante una hora y media, Márquez desarrolló esa distinción y luego respondió preguntas del público sobre drogas, la interna oficialista y el lugar de los intelectuales que apoyan al gobierno.

Pieza de un engranaje

Su argumento central es que un gobierno que enfrenta estructuras de poder con más recursos que él —provincias, sindicatos, legisladores, gobernadores— necesita que sus funcionarios actúen como parte de un sistema y no como “libres pensadores”. Quien está dentro de una estructura, dijo, tiene que ser “la pieza de un engranaje”. Para ilustrarlo recurrió a dos analogías: el sacerdote, que elige libremente asumir votos de castidad, pobreza y obediencia, y el que se enrola en las Fuerzas Armadas, que acepta su disciplina o pide la baja. En ninguno de los dos casos, sostuvo, hay imposición, porque nadie está obligado a entrar.

Por empezar, el liberalismo no es una conducta ante la vida, es un sistema político.

Nicolás Márquez, minuto 19:50

Para Márquez, el liberalismo se define por la reducción del Estado, el sistema republicano y la desregulación, y nada de eso se contradice con que la estructura de gobierno funcione con “mando y obediencia”. El que no esté de acuerdo, insistió, tiene la libertad de renunciar a su banca o a su cargo y opinar desde afuera.

Leal, no alcahuete

Márquez marcó la diferencia entre lealtad y obsecuencia. El obsecuente dice a todo que sí; el leal, en cambio, plantea sus objeciones en privado y después acata la decisión final. Lo describió así, desde el lugar de un asesor que discrepa:

Mire presidente, yo creo que usted está equivocado, el camino es este, piénselo, usted tiene la última palabra […] eso es ser leal y no alcahuete.

Nicolás Márquez, minuto 17:53

Llamó a eso, con un término de Josemaría Escrivá de Balaguer, “corrección fraterna”. Lo que cuestionó es que las discrepancias se ventilen en público para desmarcarse del gobierno. En abril de 2026, a raíz del caso Adorni, volvió sobre la diferencia entre el leal y el alcahuete.

El vivo completo de Márquez sobre lealtad, disciplina y liberalismo.

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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Autoritarismo, totalitarismo y prensa

Márquez rechazó que el gobierno sea autoritario. Recordó que la democracia es, a su juicio, una forma de acceso al poder, y que lo que define a un gobierno es cómo ejerce ese poder. Distinguió además dos conceptos:

El gobernante autoritario quiere del pueblo la obediencia, el totalitario además de la obediencia quiere la adhesión y el adoctrinamiento compulsivo.

Nicolás Márquez, minuto 26:12

Con ese criterio, calificó de totalitario al primer peronismo, en el que, según recordó, dirigentes opositores radicales, conservadores y socialistas terminaron presos. Frente a eso, enumeró lo que considera señales de lo contrario en la gestión de Milei: el intento de privatizar los medios estatales, la eliminación de la pauta oficial a periodistas y la decisión de llevar a la Justicia, y no resolver desde el Estado, sus conflictos con la prensa. Que el presidente responda críticas en redes, sostuvo, no es usar el aparato estatal para intimidar.

El intelectual orgánico

Márquez retomó de Antonio Gramsci el concepto de intelectual orgánico, al que definió como quien se organiza para defender y difundir un proyecto en el que cree, sin cargos ni financiamiento estatal. Se ubicó en ese lugar y explicó que así entiende el libro que escribió con Marcelo Duclos sobre Milei. La diferencia con el kirchnerismo, planteó, es que entonces los intelectuales afines tenían medios y programas sostenidos con fondos públicos.

Preguntas del público

Consultado sobre la legalización de las drogas, dijo estar en contra, no por negar la libertad de cada uno sobre su propio cuerpo, sino porque, a su juicio, quien está bajo sus efectos puede dañar a terceros. Distinguió entre el adicto, al que hay que ayudar, y el narcotraficante. A propósito de las disputas internas del oficialismo, se declaró “partidario de la unidad” y pidió postergar las diferencias para concentrarse en las reformas que se debatirían en el Congreso. Y recordó a Juan Bautista Alberdi y su idea de la “república posible”, frente a la república ideal, para cuestionar el purismo de quienes no aceptan, en sus palabras, “las impurezas propias de la política”. En mayo de 2026 desarrolló esa distinción, a partir de Weber, en un vivo sobre lo ideal y lo posible.

Fuentes

  1. “Subordinación y valor para defender a nuestro líder | Nicolás Márquez”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 31/01/2026 (minutos citados: 2:49, 4:02, 4:33, 6:07, 8:05, 11:52, 17:31, 17:53, 18:16, 19:50, 20:08, 22:34, 22:39, 26:04, 26:12, 45:54, 55:30, 56:34, 1:12:01, 1:15:14, 1:20:14).
  2. Nicolás Márquez y Marcelo Duclos, Milei y la revolución que no vieron venir