La revolución de Milei, a un mes de gobierno
En una larga entrevista con Patricia Soprano, Nicolás Márquez repasa el primer mes de Javier Milei en la presidencia: el discurso de Davos, el paro de la CGT, la inflación heredada, la pelea por el DNU y la Ley Bases y la batalla cultural desde el Estado.
A fines de enero de 2024, con Javier Milei recién cumplido el primer mes en la Casa Rosada, Nicolás Márquez volvió al ciclo de entrevistas de Patricia Soprano. Era la semana posterior al discurso del presidente en el Foro de Davos y la previa del paro general que la CGT había convocado para el 24 de enero. En casi una hora y media de conversación, con preguntas que los seguidores de Soprano habían enviado durante días, Márquez trazó un perfil de Milei, a quien dice conocer desde hace casi una década, y defendió el rumbo del gobierno en economía, en la relación con el Congreso y en la batalla cultural. En abril de 2019 ya había compartido una conferencia con Milei, a quien entonces describía como un «gladiador que se pelea solo contra el mundo».
Soprano aclaró desde el principio que Márquez no es vocero del presidente. La conversación tuvo entonces el tono de un análisis político desde la afinidad: por qué Milei genera tanta polémica, qué se le puede exigir a un mes de asumir y qué depende de otros poderes.
Un cruzado del siglo XXI
Consultado por quién es Milei más allá del cargo, Márquez lo describió como un hombre «tremendamente apasionado» y «monotemático», dedicado por completo a la economía austríaca y a la filosofía libertaria, que primero divulgó esas ideas en libros, conferencias y televisión y después dio el salto a la política para aplicarlas desde el poder. Lo definió como «un cruzado del siglo XXI» y le atribuyó «rasgos geniales», con los desequilibrios que, según él, acompañan a toda persona de talento superlativo.
Para explicar por qué el presidente está siempre en el centro de la escena, Márquez enumeró tres razones: es creíble porque está convencido, su gestualidad coincide con un discurso radical que desarma los lugares comunes de la política tradicional (la justicia social, la distribución del ingreso, el Estado presente) y, en su lectura más especulativa, disfruta de generar un «escándalo positivo». Lo contrastó con el político que se guía por las encuestas y los asesores de imagen.
A quienes tildan a Milei de loco, Márquez les respondió con una escena de la película de Steven Soderbergh sobre el Che Guevara, que vio mientras escribía su libro sobre el guerrillero: Fidel Castro, en México, le pregunta al Che si cree que está loco por querer hacer una revolución con un puñado de hombres, y concluye que «un poco de locura no viene mal». Márquez aclaró que no pudo verificar que ese diálogo haya existido, pero lo usó para marcar un punto: según él, la Argentina necesita «una locura revolucionaria».
Él está un paso más allá de la valentía, que es la temeridad, que es la ausencia de miedo.
Nicolás Márquez, minuto 33:13
Entre las virtudes del presidente, destacó la formación ideológica y el coraje para aplicar sus ideas. Lo ilustró con una humorada de un dirigente de la UCeDé en la campaña de 1989, que comparaba a Alfonsín con Cristóbal Colón porque «cuando salió no sabía dónde iba y cuando llegó no sabía dónde estaba». «Y Milei sabe a dónde va y por qué quiere llegar ahí», agregó.
Davos, el paro y la ventaja del ataque frívolo
Márquez contó que al principio le había sorprendido la decisión de ir al Foro de Davos, pero sostuvo que el problema nunca fue asistir sino lo que se dijera allí. Recordó que Donald Trump también había hablado con dureza en ese escenario en 2019 y opinó que la «elite progreglobalista» de Davos terminó haciéndole un favor al presidente: le dio una resonancia mundial que, según Márquez, lo convirtió en una figura internacional. Mencionó que el intelectual chileno Axel Kaiser lo había comparado con Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
También se refirió a las críticas de la prensa. Tomó como ejemplo una nota de la revista Noticias sobre la imagen física del presidente y los cuestionamientos por sus perros, y concluyó que si los detractores tienen que recurrir a eso es porque no pueden atribuirle corrupción ni causas penales. Para Márquez, el paro general convocado a un mes de la asunción, sin antecedentes en la historia democrática argentina según remarcó, se explica porque Milei está «desmantelando la casta» y tocando intereses con el DNU y la Ley Bases.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoLa inflación heredada y la salida por la inversión
Soprano trasladó la pregunta más repetida por sus seguidores: qué pasa con quienes la están pasando mal por la inflación y los aumentos. Márquez respondió que la crisis no es obra de Milei sino del gobierno anterior, y que las consecuencias de la emisión monetaria se ven meses después. Según su explicación, el nuevo gobierno le quitó «anestesia» a precios que estaban artificialmente contenidos por subsidios; ese primer impacto, estimó, tendería a bajar en los meses siguientes, con un repunte previsible por los gastos del inicio de clases.
La salida, para Márquez, pasa por la generación de riqueza, y la riqueza depende de la inversión privada. Como a un inversor no se lo puede obligar, hay que seducirlo con bajos impuestos, desregulación sindical y laboral y estabilidad monetaria, y esas condiciones son, según él, lo que proponen el DNU y la Ley Bases. Recién con una «lluvia de inversiones», argumentó, subirían los salarios y las jubilaciones.
Detrás de la resistencia a las reformas vio una confusión de fondo entre derechos y privilegios. Enumeró a los sectores que, a su juicio, pierden privilegios: el periodismo que dependía de la pauta oficial, el cine y los espectáculos financiados por el Estado, los sindicatos que perderían el monopolio de la representación y el manejo de las obras sociales.
Porque cuando tu derecho es a costa de la plata de los demás, ya no es un derecho, es un privilegio. Y en la Argentina no tenemos un montón de derechos, como los hizo creer el peronismo. Lo que tenemos es un montón de privilegios.
Nicolás Márquez, minuto 58:38
Congreso, gobernadores y justicia
El principal punto débil del gobierno, según Márquez, no es personal sino político: es la primera elección nacional que Milei gana y tiene bancadas chicas en ambas cámaras, por lo que depende de aliados que ponen condiciones y demoran las leyes. Comparó al país con un paciente que se está muriendo, con un cirujano que tiene su receta y un equipo que no le alcanza los instrumentos. Reconoció a quienes, dentro de Juntos por el Cambio, sí acompañan, pero reclamó a los sectores que ya gobernaron que asuman su fracaso y apoyen las reformas.
Con los gobernadores, describió una estrategia de hechos consumados: menos fondos de la Nación los obligan a achicar sus estructuras. Identificó tres respuestas posibles: reducir el gasto, subir impuestos o emitir cuasimonedas, como anunció el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela. En ese caso destacó que el gobierno nacional avisó que no las rescataría, a diferencia de lo ocurrido con los bonos provinciales en tiempos de De la Rúa.
A quienes le reclaman a Milei que los funcionarios del kirchnerismo vayan presos, les recordó que eso corresponde al Poder Judicial y no al presidente. Lo que sí le toca al Ejecutivo, sostuvo, es despolitizar la justicia y darles a los jueces respaldo institucional para que actúen con libertad, sin injerencia. Criticó en ese marco a la agrupación Justicia Legítima, porque a su juicio un juez no puede ser militante de un gobierno.
La batalla cultural desde el Estado
Hacia el final, Márquez respondió a quienes dudaban de que Milei fuera a dar la batalla cultural. Señaló la eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, reducido según él a una pequeña subsecretaría dedicada a la violencia contra la mujer; el perfil conservador de funcionarios como la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello; la quita de la expresión «persona gestante» de la legislación propuesta y el cambio de contenidos de la Educación Sexual Integral. Concluyó que el presidente «no se desligó de la batalla cultural».
Sobre el aborto, explicó que un decreto de necesidad y urgencia no puede legislar en materia penal y que revertir la ley requiere mayorías parlamentarias que el oficialismo todavía no tiene; para Márquez, si esas mayorías llegan después de las elecciones de medio término, el gobierno avanzará. Lo resumió como un gobierno «conservador en lo cultural» y «liberal en lo económico», que necesita tiempo: construir un edificio lleva años, dijo, y derribarlo, cinco minutos.
Sobre la proyección internacional del fenómeno, fue cauto: no se puede fabricar un Milei, porque hay cualidades innatas y cada país tiene su idiosincrasia. Puso como ejemplo a Chile, donde un estilo así quizá no tendría el mismo arraigo que en una Argentina «italianizada» y pasional.
Hay que buscar en América y en el resto de Occidente un Javier Milei a la medida de cada país.
Nicolás Márquez, minuto 45:04
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Fuentes
- “La revolución mundial de Milei | Nicolás Márquez y Patricia Soprano”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 22/01/2024 (minutos citados: 3:44, 6:17, 8:02, 12:36, 14:12, 19:02, 19:42, 20:57, 21:21, 24:44, 26:54, 28:24, 32:43, 33:13, 33:43, 35:02, 36:16, 36:37, 38:03, 39:42, 43:26, 44:30, 45:04, 46:43, 47:34, 48:48, 52:29, 53:06, 54:05, 55:24, 56:03, 58:18, 58:38, 59:17, 1:02:33, 1:05:46, 1:06:29, 1:11:43, 1:12:40, 1:14:13, 1:14:39, 1:16:00, 1:16:16, 1:17:38, 1:18:04).