Batalla cultural

¿Liberalismo y conservadurismo son compatibles? Márquez dice que sí, y explica por qué

En un vivo de su canal, Márquez discute la definición de Benegas Lynch, distingue tolerar de respetar, repasa la biblioteca conservadora y explica cómo el peronismo destruyó al viejo conservadurismo argentino.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 6 min de lectura

En un vivo de su canal publicado en febrero de 2026, Nicolás Márquez dedicó más de una hora y media a una pregunta que suele dividir a la derecha: si el liberalismo y el conservadurismo son doctrinas enfrentadas o pueden convivir. Su respuesta es categórica: “Yo encuentro que la compatibilidad es plena y total”. Para sostenerla repasó definiciones, mostró libros de su biblioteca y respondió preguntas del público sobre religión, historia argentina y el gobierno de Javier Milei. Semanas antes, tras la realización del festival en la costa, ya había reeditado esa misma argumentación sobre liberales y conservadores.

Márquez aclaró de entrada que no le interesa discutir estos conceptos desde el diccionario: si conservador fuera simplemente quien quiere conservar algo, dijo, también lo sería quien desea que perdure el régimen cubano. Por eso propuso ir a lo que se discute en el debate político.

Tolerar no es respetar

El punto de partida fue la conocida definición de Alberto Benegas Lynch (h), que entiende el liberalismo como el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo. Márquez, que lo considera un pensador extraordinario, discrepa con dos palabras. La primera es “respeto”: según explica, el término sugiere adhesión o aplauso, y hay proyectos de vida que a él le parecen despreciables. Prefiere hablar de tolerancia: el Estado no debe reprimir las conductas de adultos que no dañan derechos de terceros, aunque uno las desapruebe. La segunda es “irrestricto”: la vida en comunidad, sostiene, impone límites. Su ejemplo es el de quien quiere manejar a 200 kilómetros por hora: necesita un auto en condiciones, una licencia, estar sobrio y respetar las señales, porque introduce en la vía pública algo potencialmente peligroso para otros. Márquez ya había usado esa distinción y el mismo ejemplo en enero de 2025, en un vivo de preguntas del público.

Para delimitar el concepto, Márquez recurrió a una frase que le escuchó al liberal cubano Armando Ribas, radicado en la Argentina:

Liberalismo no es una conducta ante la vida, es un sistema político.

Nicolás Márquez, minuto 17:24

Ese sistema, explica, se apoya en la división republicana de poderes, en la libertad —religiosa, de pensamiento, de asociación y económica— y en la defensa de la propiedad privada, con un Estado acotado a funciones como la seguridad, la defensa y las relaciones exteriores. De allí deduce que alguien puede adherir al liberalismo político y llevar, al mismo tiempo, una vida familiar y religiosa de lo más tradicional.

El conservador dentro de un orden liberal

Si el conservadurismo se entiende como una forma de vida, Márquez no ve impedimento para practicarlo en un sistema liberal: un sacerdote tradicionalista puede tener su capilla, sus fieles y usar las herramientas del mercado —YouTube, las redes, las plataformas— para difundir su doctrina; una familia puede educar a sus hijos como quiera, incluso en casa. La única condición, dice, es que cada uno se financie lo suyo. En cambio, sostiene, en regímenes comunistas o teocráticos ese mismo proyecto de vida sería perseguido.

Como filosofía política, el conservadurismo se apoya según Márquez en la experiencia y en la tradición, entendida como el cúmulo de usos, costumbres y valores que la evidencia empírica mostró como buenos. Por eso, afirma, los conservadores defienden el libre mercado: porque funciona. Para explicar la relación entre tradición y progreso volvió a la imagen que Pío XII usó en 1944 ante el patriciado y la nobleza romana: la tradición es el cauce del río y el progreso, el agua que corre por él; sin agua el cauce no tiene función, y sin cauce el agua arrasa con todo. En marzo de 2025 le había dedicado a esa imagen un video breve.

Yo cuando en la década del 80 me consideraba liberal, después hoy me considero un conservador, pero no por eso me considero incompatible con el liberalismo en cuanto a sistema de vida.

Nicolás Márquez, minuto 49:12
Márquez explica por qué ve plena compatibilidad entre liberalismo y conservadurismo.

La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

Ver el video completo

Una biblioteca contra un prejuicio

Buena parte del vivo la dedicó a mostrar libros, con el objetivo declarado de desmentir que los conservadores carecen de intelectuales. Pasaron por cámara Russell Kirk, Roger Scruton —cuyo pensamiento, recordó, difundió en América Latina Miklós Lukács—, Charles Maurras, Plinio Corrêa de Oliveira, Olavo de Carvalho, Paul Johnson, Emilio Hardoy, Vicente Massot, a quien llama su maestro, las memorias de Margaret Thatcher y la obra de Agustín Laje. Junto a ellos, títulos liberales como La rebelión de Atlas de Ayn Rand, Libertad de elegir de Milton Friedman y obras de Mises, Hayek y Murray Rothbard, de quien destacó su evolución hacia posiciones cercanas al conservadurismo.

Como prueba del vínculo entre ambas tradiciones mostró la carta que Friedrich Hayek envió en 1981 a Tradición, Familia y Propiedad, la organización fundada por Corrêa de Oliveira, para pedir información sobre sus objetivos y actividades. Para Márquez, es la muestra de un complemento entre un padre de la escuela austríaca y el anticomunismo tradicionalista.

Progreso no es progresismo

Ante una pregunta del público, Márquez distinguió el progreso del progresismo. Apoyado en Pío XII, define al progresista como quien abraza cualquier novedad sin discernimiento, solo por ser nueva: “el progresista es un esclavo de la novedad”. Lo ilustró con un ejemplo: entre dos celulares, casi todos elegirían el más reciente, porque en lo técnico lo nuevo suele superar a lo anterior; pero entre un libro de Aristóteles o de santo Tomás y uno publicado este año, la fecha no decide nada. “Las ideas no siempre son mejores por ser nuevas”, resumió.

Perón, Milei y la derecha argentina

En el tramo final, Márquez repasó la historia local. Según su lectura, antes del peronismo el conservadurismo era un partido de masas que alternaba en el poder con el radicalismo, y liberales y conservadores solían presentarse en alianza, como volvió a ocurrir más tarde con Álvaro Alsogaray. Para Márquez, Perón destruyó al conservadurismo porque buena parte de su electorado y de sus dirigentes se pasó al nuevo movimiento, y eso ocurrió porque los conservadores no explicaron por qué la Argentina vivía bien: no dieron la batalla cultural.

Esa historia, sostiene, tiene hoy otro desenlace. Márquez afirmó que el grueso de los conservadores argentinos apoya al gobierno de Milei, al que atribuye haber desmontado la estructura estatal de la ideología de género, reivindicado a las Fuerzas Armadas y tejido alianzas con referentes conservadores del mundo. Como ejemplo personal de convivencia entre ambas corrientes mencionó el libro sobre Milei que escribió junto al libertario Marcelo Duclos. A su juicio, el gran mérito del presidente fue llevar esas ideas a las clases populares, algo que el viejo conservadurismo, conducido por élites, nunca había logrado.

Fuentes

  1. “Liberalismo y conservadurismo, ¿son compatibles?”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 24/02/2026 (minutos citados: 3:49, 5:00, 8:03, 11:24, 17:24, 18:29, 22:34, 25:47, 28:47, 31:08, 32:02, 40:19, 45:09, 49:12, 50:09, 56:27, 1:00:53, 1:01:56, 1:04:22, 1:08:35, 1:20:17, 1:21:09, 1:22:54).
  2. Russell Kirk, Qué significa ser conservador
  3. Roger Scruton, Cómo ser conservador
  4. Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y contrarrevolución
  5. Pío XII, alocución al patriciado y la nobleza romana (1944)