Por qué Frida Kahlo no es un ícono feminista (ni indigenista)
En una entrevista para un canal peruano dirigido a padres de familia, Nicolás Márquez repasa el capítulo de Ídolos con pies de barro dedicado a Frida Kahlo y contrasta la figura del marketing con la biografía que reconstruyó.
Nicolás Márquez fue entrevistado por Juliana, una conductora peruana que relanzaba su canal de YouTube, orientado a padres de familia y a la educación. Se habían reencontrado poco antes en la Feria del Libro de Lima, donde Márquez presentó Ídolos con pies de barro, publicado por HarperCollins. La conversación no recorrió todo el libro. Se centró en uno de sus capítulos, el de Frida Kahlo, una figura que, según la entrevistadora, hoy se vende a los chicos en muñecas, mochilas y cuadernos, «como si fuera una princesa Disney».
Márquez contó que el libro nació de un curso que dictó para una academia colombiana, titulado «Los rostros del mal». La idea era reunir personajes muy conocidos y de orígenes muy distintos (el fútbol, la religión, el arte, la academia y la política) que, en su opinión, fueron vendidos por el marketing como arquetipos a seguir y que, examinados de cerca, resultan ser «ídolos con pies de barro». Contó también que el título lo propuso la editorial. En enero de 2026 había presentado los ocho personajes del libro en un vivo de su canal.
La Frida del marketing y la Frida de la biografía
Márquez empezó resumiendo la imagen pública de Kahlo: una mujer autosuficiente, disruptiva, gran pintora, una rebelde antipatriarcal ligada a las raíces precolombinas de México. Después contrapuso los datos que reunió. Kahlo nació en 1907, aunque, según Márquez, por razones ideológicas decía haber nacido en 1910. Era hija de un fotógrafo alemán al que le fue muy bien profesionalmente y de una madre católica de origen hispano. Creció en la Casa Azul de Coyoacán y estudió en uno de los colegios más prestigiosos del país. De chica tuvo poliomielitis y más tarde sufrió un grave accidente de tránsito, que la dejó en cama y la acercó a la pintura.
Lo que más discute es su condición de artista. Según las cifras que dio en la entrevista, Kahlo pintó unos 150 cuadros en toda su vida, frente a los miles de obras de Diego Rivera o de Picasso, y cerca de la mitad fueron autorretratos.
Pintaba a modo de pasatiempo, no era una pintora profesional, no vivía de la pintura, no vendía sus cuadros, prácticamente tuvo muy pocas exposiciones en su vida.Nicolás Márquez, minuto 11:47
Márquez señaló como dato elocuente que, cuando se separó de Rivera y el Estado le dio un puesto de profesora de pintura, la mayoría de los alumnos la abandonaron a la semana. También recordó que la única muestra individual que hizo en México se organizó poco antes de su muerte, cuando ya estaba postrada. Para el autor fue «una cosa que tenía que ver con la caridad» de su entorno y no un reconocimiento artístico. Los precios millonarios que alcanzan hoy sus cuadros, sostiene, se explican por el relato construido a su alrededor y no por la calidad de su pintura.
El aborto, Rivera y el Partido Comunista
El punto que más llamó la atención de la entrevistadora fue el aborto. Kahlo nunca pudo tener hijos. Márquez citó una carta, escrita después de un aborto al que, según él, Rivera la presionó, en la que ella le pide perdón al hijo perdido. Para Márquez, esa carta choca con el uso de su imagen en las marchas a favor del aborto.
Márquez describió la relación con Diego Rivera como un matrimonio profundamente infeliz. Él le doblaba la edad, la mantenía económicamente y, según el autor, él mismo se jactaba en sus memorias de su trato con las mujeres. Se reencontraron militando en el Partido Comunista mexicano, y en la obra de Kahlo aparecen la hoz y el martillo, Stalin, Lenin y Mao. Márquez subrayó la contradicción: los grandes mecenas de Rivera eran Rockefeller y Henry Ford, y la pareja pasaba temporadas en Nueva York y Detroit. Rivera terminó expulsado del partido por esa relación con el dinero.
Tras la ruptura con el estalinismo, la pareja gestionó ante el presidente Lázaro Cárdenas el asilo de León Trotsky en México y lo financió. Márquez relató los dos desengaños que siguieron: la relación de Kahlo con Trotsky y la de Rivera con Cristina, la hermana menor de ella. Después vinieron el divorcio y un segundo casamiento, que según el autor ella aceptó en buena medida porque no tenía cómo mantenerse.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoNi indigenista ni feminista
Sobre la etiqueta indigenista, Márquez sostuvo que no encontró «un solo escrito, una carta» de Kahlo que muestre interés por esa causa. Hablaba alemán, español e inglés, nunca estudió una lengua precolombina y su ideología era el marxismo. Recordó además que su nombre original era Frieda, con la grafía alemana, y que fue ella quien lo castellanizó.
La pregunta de fondo fue por qué una vida que, según la entrevistadora, era «lo más contrario» a lo que el feminismo celebra terminó convertida en emblema. Márquez respondió con una tesis que ya había desarrollado sobre el Che Guevara, otro de los personajes del libro:
La izquierda no puede mostrar procesos políticos exitosos gobernados por ellos. Entonces, ¿qué hacen para persuadir? Impactan mostrando personajes.Nicolás Márquez, minuto 28:19
Según su análisis, la izquierda busca figuras que murieron jóvenes, que tienen algún rasgo estético llamativo y a las que se puede atribuir rebeldía, y sobre ellas construye un relato que casi nadie contrasta con su biografía. También señaló el peso de la muerte temprana en el mito: no hay fotos del Che, de Eva Perón ni de Kahlo en la vejez, y esa «juventud perpetua» fascina a cada nueva generación. Agregó que los museos cumplen la misma función: la casa de Kahlo en México, como los sitios dedicados al Che en Cuba, Rosario o Bolivia, ofrecen al turista un relato apologético y le venden remeras y tazas.
Los últimos años y un funeral político
Márquez describió los últimos años de Kahlo con dureza. Habló de adicciones graves, de una salud muy deteriorada y de la amputación de una pierna, mientras Rivera, según su relato, convivía con la asistente que después sería su cuarta esposa. Kahlo murió el 13 de julio de 1954. Su velatorio en el Palacio de Bellas Artes, según el libro, fue «más un meeting comunista» que una despedida: el ataúd quedó cubierto con la bandera de la hoz y el martillo y los asistentes cantaron La Internacional con el puño en alto.
La entrevistadora subrayó que solo el capítulo de Kahlo tiene 102 notas al pie. Márquez precisó que todo el libro reúne alrededor de 1.250 citas y unos 150 libros consultados. Contó además que estaba grabando la versión en audiolibro. Al cierre, la conductora marcó un matiz: pidió una mirada de caridad hacia una mujer que «ha sufrido mucho», aunque coincidió con el autor en lo central. Para ella, la historia de Kahlo no es la de una heroína para ofrecerles a los chicos: «no es un personaje para niños».
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Fuentes
- “¿Por qué Frida Kahlo no es un ícono feminista (ni indigenista)? | Nicolás Márquez”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 14/08/2026 (minutos citados: 0:58, 2:54, 7:14, 8:02, 11:24, 11:47, 12:23, 13:05, 14:36, 16:06, 17:16, 19:13, 20:52, 26:36, 28:19, 29:02, 33:08, 35:03, 37:09, 40:02, 44:55, 45:46, 47:26, 48:01, 48:38, 1:00:26, 1:01:26).
- Nicolás Márquez, Ídolos con pies de barro (HarperCollins)