La farsa del ecologismo, explicada por Horacio Giusto
En un vivo de casi una hora y media, Nicolás Márquez recibió al investigador Horacio Giusto para desarmar el ecologismo como ideología: sus orígenes intelectuales, su costado religioso, el mito de la sobrepoblación y el negocio del llamado corporativismo verde.
En febrero de 2022, Nicolás Márquez dedicó una transmisión en vivo de su canal a un tema que, según admitió de entrada, conocía poco: el ecologismo como ideología. Para eso invitó a Horacio Giusto, investigador y conferencista conservador al que presentó como "un verdadero cruzado contra el marxismo cultural", que por entonces terminaba de revisar un libro dedicado íntegramente a la cuestión, con prólogo de Pablo Muñoz Iturrieta. Márquez se ubicó en el papel de alumno y dejó que Giusto condujera la exposición, interviniendo con preguntas y comentarios.
A lo largo de la charla se recorrieron la historia intelectual del ecologismo, su dimensión casi religiosa, el debate sobre el cambio climático, las teorías de control poblacional y lo que Giusto llama "corporativismo verde": la alianza entre grandes capitales, ONG y organismos internacionales en torno a la agenda ambiental.
Criticar el ecologismo no es defender la contaminación
Giusto abrió con una aclaración que repitió varias veces: cuestionar el ecologismo como relato no significa avalar el daño ambiental. Márquez trazó un paralelo con su propio trabajo sobre los derechos humanos, y el invitado recordó que suele explicarlo con el ejemplo de los libros de Márquez y Agustín Laje sobre el feminismo: criticar esa ideología no implica estar a favor de maltratar a una mujer.
Atacar estas ideas ecologistas no implica que uno esté avalando la contaminación, el uso desproporcionado de recursos, el malgaste de ciertos elementos que provee la naturaleza, el maltrato innecesario de un animal.
Horacio Giusto, minuto 4:19
Yo creo que hay una gran farsa de los derechos humanos; eso no implica que yo esté en contra de los derechos humanos, al contrario, estoy en contra de la farsa que ha sido impuesta por un sector de la izquierda.
Nicolás Márquez, minuto 5:03
Márquez agregó otra distinción: disfrutar de una tarde en el campo o convivir con la naturaleza no convierte a nadie en militante ecologista. Giusto, por su parte, propuso como ideal el del "hombre cultivado", prudente y mesurado, que ni avasalla la naturaleza ni la endiosa.
De Haeckel a Marcuse: la genealogía de una ideología
Según Giusto, incluso la ecología como disciplina tiene una base filosófica que no conviene pasar por alto. Recordó que el término fue acuñado por Ernst Haeckel, de visión darwinista, a quien vinculó con el movimiento de higiene racial alemán de comienzos del siglo XX, y trazó una línea hasta las primeras conferencias internacionales sobre población, en las que participó Margaret Sanger. Para él, la ecología recién se consolidó como ciencia autónoma hacia 1930 y se politizó en los años sesenta, cuando nace propiamente el ecologismo.
En ese giro ubicó a Rachel Carson y su Primavera silenciosa, que describió como una "protobiblia" ecologista, y sobre todo a Herbert Marcuse, a quien considera el gran teórico de la nueva izquierda. Márquez aportó una anécdota del Mayo francés: en las paredes de la Sorbona, dijo, la "M" pintada jugaba con el mes de mayo y con el apellido de Marcuse, "el intelectual de cabecera" de aquella revuelta.
Giusto citó además a Michael Löwy, para quien el ecologismo apunta a "crear un nuevo paradigma de civilización", y a André Gorz, que definió a la ecología como una disciplina "profundamente anticapitalista y subversiva". Con esas citas cuestionó a quienes hablan de un "capitalismo verde": si los propios teóricos del ecologismo lo definen por oposición al capitalismo, sostuvo, la expresión es una contradicción en los términos.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoUna religión con rituales, profetas y castigo divino
Ante una pregunta de Márquez sobre el panteísmo, Giusto desarrolló la tesis central de su investigación: la nueva izquierda entendió que nadie renuncia a su forma de vida por una idea política, pero sí por una creencia. De ahí, según él, la "sacralización" de la naturaleza. Enumeró los elementos que, a su juicio, hacen del ecologismo una religión: rituales y cumbres como la COP26, textos sagrados como La bomba demográfica de Paul Ehrlich, promesas de paraíso, anuncios del fin del mundo y figuras proféticas como Greta Thunberg, cuyo ascenso atribuyó a una operación de marketing político.
Márquez recordó en ese punto el movimiento New Age y el hippismo de los años sesenta, a los que describió como corrientes panteístas, anticonsumistas y pacifistas que, en su opinión, resultaron funcionales al comunismo durante la Guerra Fría.
Cambio climático y mito de la sobrepoblación
Giusto criticó a quienes, desde la derecha, reaccionan negando todo. Para él, la discusión no es si el clima cambia sino cuánto incide la actividad humana.
Existe el cambio climático, claro que sí, claro que sí, pero la discusión es si es o no es antropogénico.
Horacio Giusto, minuto 43:08
Para sostener sus dudas sobre el origen humano del calentamiento citó a Patrick Moore, expresidente de Greenpeace, al físico Ivar Giaever y a la climatóloga Judith Curry, y recordó los períodos cálidos romano y medieval. Luego conectó el catastrofismo climático con la tradición maltusiana: de Thomas Malthus a Garrett Hardin y Ehrlich, la conclusión sería que, si el hombre es la causa del problema, hay que reducir la cantidad de hombres. Márquez preguntó por el memorando de seguridad nacional estadounidense conocido como NSSM 200, y Giusto respondió que lo cita en su libro porque, a su juicio, el control poblacional está ligado al control de los recursos naturales. Sostuvo además que no existe tal cosa como la sobrepoblación sino problemas de densidad demográfica, y que la natalidad cae en casi todo Occidente.
Recursos, China y corporativismo verde
La parte final se centró en la geopolítica. Según Giusto, China controla buena parte de las tierras raras y del mercado de paneles solares, y los "derechos ambientales" incorporados en reformas constitucionales de la región sirven para quitar recursos del control privado. Márquez vinculó esa lectura con Chile: la derrota de José Antonio Kast frente a Gabriel Boric, dijo, favorecía a un gobierno alineado con China en un país que vive del cobre y del litio.
Giusto cerró con un ejemplo didáctico sobre sellos privados de certificación ambiental o "libre de crueldad", que según él solo pueden pagar las grandes empresas y terminan expulsando del mercado a los productores chicos. De ahí su conclusión: el ecologismo "al rico lo vuelve más rico" y vende a los consumidores una identidad moral. Mencionó también las inversiones de Bill Gates en carne sintética y tierras agrícolas.
La charla terminó con el compromiso de un segundo encuentro sobre la Agenda 2030. Márquez invitó a buscarla en el sitio oficial de Naciones Unidas: "Busquen en Google ONU Agenda 2030", dijo, para mostrar que no se trata de una teoría conspirativa sino de un programa público. Márquez repitió ese argumento en 2025, en la televisión peruana: alcanza con buscar la Agenda 2030 en Google para llegar a la página de Naciones Unidas.
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Fuentes
- “La farsa del ecologismo | Nicolás Márquez y Horacio Giusto”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 17/02/2022 (minutos citados: 0:00:17, 4:19, 5:03, 6:19, 10:24, 11:23, 12:48, 14:28, 15:30, 17:57, 21:53, 24:06, 30:18, 32:16, 43:08, 44:14, 50:28, 54:45, 59:40, 1:03:24, 1:04:34, 1:10:30, 1:15:10, 1:20:45, 1:26:55, 1:30:33).
- Rachel Carson, Primavera silenciosa
- Paul Ehrlich, La bomba demográfica
- Garrett Hardin, La tragedia de los comunes
- Thomas Malthus, Ensayo sobre el principio de la población