En la televisión chilena: la derecha que se arrodilló ante la agenda cultural
De visita en Chile por su libro sobre Allende, Márquez habló de la reconversión de la izquierda tras la caída del Muro, de una derecha encerrada en la economía, del fenómeno Milei y de por qué sostiene que Allende fue un dictador aunque llegó por el voto.
En mayo de 2023, en plena gira por Chile, Nicolás Márquez fue invitado a Contexto, un programa de entrevistas de la televisión chilena. El motivo del viaje era su libro La dictadura comunista de Salvador Allende, que según contó se vendió mucho más de lo esperado, favorecido por la cercanía de los 50 años del 11 de septiembre de 1973. A la vez se reeditaron en el país otros títulos suyos, como su biografía del Che Guevara, La máquina de matar, y El libro negro de la nueva izquierda, escrito con Agustín Laje, que hasta entonces nunca se había publicado en Chile.
Durante casi una hora, la conversación fue de la batalla cultural a la política argentina y terminó en la tesis central de su libro sobre Allende.
Una derecha que solo discute economía
La crítica principal de Márquez apunta a su propio sector. Para él, la derecha del siglo XX concentró toda su pelea contra la izquierda en el terreno económico, con la escuela austríaca, Hayek o Rothbard, y cuando ese combate se ganó con la caída de la Unión Soviética no supo ver el cambio de escenario. Mientras tanto, la izquierda tomó el pensamiento de Gramsci, de la Escuela de Frankfurt y de autores como Foucault, Derrida o Marcuse, y abrió nuevos frentes: multiculturalismo, ideología de género, feminismo radical, indigenismo y la disputa por el pasado. Según Márquez, en esos terrenos la derecha "sigue peleándose contra la plusvalía" y responde con argumentos económicos a debates que ya no son económicos.
Recordó la tesis de El libro negro de la nueva izquierda (2016): tras 1991, Occidente cayó en un "determinismo de signo contrario", el de los libros triunfalistas del fin de la historia, mientras la izquierda se reconvertía sin perder tiempo. Enumeró una serie de hechos de 1992 que, a su juicio, lo muestran: la cumbre ambiental de Río de Janeiro, la primera marcha del orgullo en Buenos Aires, la marcha indigenista en Bolivia al cumplirse 500 años de 1492 y el intento de golpe de Chávez, sumados al Foro de San Pablo, creado en 1990.
Justo ahora aparecen toda una serie de corrientes que supuestamente amplían derechos, no sé qué derecho quieren ampliar, pero que se presentan simpáticos, con otro packaging, y detrás de eso se esconde una profunda naturaleza autoritaria.
Nicolás Márquez, minuto 14:30
Para Márquez, esa agresión es más difícil de enfrentar que la de las décadas de guerrilla porque es "imperceptible, simpática, multicolor", y penetra en la opinión pública "porque no hay resistencia". Esa culpa, dice, es de una derecha que "en materia cultural se ha arrodillado" a la agenda de la nueva izquierda, aunque siga defendiendo el mercado.
Libertad de expresión y la "tiranía de los ofendidos"
El conductor contó que sus alumnos universitarios ya no pueden definir ni siquiera qué es una vaca, y Márquez vinculó ese relativismo con la imposibilidad de definir qué es una mujer y con el reemplazo, desde el romanticismo, del "ser por el sentir". Retomó una idea que atribuyó a Jordan Peterson: la libertad de expresión solo tiene sentido si protege opiniones que pueden ofender, y lo único que debe tener límites es la acción, no la palabra. Contó que en los debates chilenos pudo decir cosas que en Argentina, según él, le habrían costado la salida de un canal.
Sobre su caso personal, sostuvo que un escritor está en cierto modo "blindado", porque cada protesta contra un libro termina por venderlo más. El que queda expuesto, en cambio, es el profesor, el periodista o el magistrado, y eso produce autocensura. Remontó la idea de una tolerancia selectiva a Voltaire y a su "aplastar a la infame", en referencia a la Iglesia Católica.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoLas redes como refugio y el fenómeno Milei
Márquez se mostró optimista. Según él, la izquierda "copó" la radio, la televisión y los diarios tradicionales y también la educación formal, y la derecha, sin acceso a esos lugares, se refugió en las redes, que terminó manejando mejor por necesidad. Como los jóvenes pasan cada vez más horas en ellas, confía en que dentro de diez o quince años habrá un recambio generacional de docentes, jueces, empresarios y políticos "de inspiración conservadora". En ese marco elogió Generación idiota, el libro de Laje, que describió como "un libro de guerra, de combate".
Sobre Javier Milei, todavía candidato, dijo que arrasaba en las encuestas entre los votantes de 16 a 35 años y que, más allá del resultado electoral, ya había puesto en debate temas que en la Argentina eran tabú: el tamaño del Estado, el fin de subsidios y planes sociales, la dolarización. Contrapuso su mensaje de esfuerzo a la promesa de derechos sin contrapartida que atribuye a la izquierda, y advirtió que la prensa ya empezaba a tratarlo con preocupación y no como un personaje extravagante.
Allende: legitimidad de origen, ilegitimidad de ejercicio
En el último tramo, Márquez explicó por qué escribió sobre Allende. Le interesaba el contraste entre un proyecto marxista-leninista que fracasó y es recordado como heroico, y el giro posterior hacia un modelo que describió como culturalmente conservador y económicamente liberal que, según él, fue exitoso y sin embargo fue "satanizado". Aclaró que no se trata de una biografía sino de un estudio de los tres años de gobierno de la Unidad Popular, en unas 200 páginas con 300 citas. En agosto de 2022, días antes de presentar el libro en Santiago, había expuesto esos argumentos en el programa chileno El Disidente.
Respondió a la objeción que más escucha, la de que Allende no pudo ser dictador porque ganó una elección, y citó los casos de Mussolini, Perón y Hugo Chávez:
Yo lo mido por cómo ejerce el poder. Por cómo accedió al poder, sí, el acceso al poder no lo cuestiono.
Nicolás Márquez, minuto 44:22
Como pruebas mencionó el estatuto de garantías que la Democracia Cristiana le exigió antes de votarlo en el Congreso, los homenajes que Allende y Pablo Neruda le dedicaron a Stalin en 1953, la visita de Fidel Castro a Chile durante 24 días y la entrevista con Régis Debray en la que, según Márquez, Allende admitió haber firmado el estatuto solo para llegar al poder. Agregó que las declaraciones de la Corte, del Congreso y de la Contraloría sobre la ilegalidad del gobierno, y el apoyo de los expresidentes González Videla, Alessandri y Frei Montalva, y del futuro presidente Aylwin, al pronunciamiento militar respaldan su tesis de una "ilegitimidad de ejercicio". También afirmó que hubo fraude de parte del oficialismo en las elecciones de 1973. Contó además, a partir de un testimonio de María Kodama que recoge en el libro, que a Borges le advirtieron desde Suecia que un encuentro con Pinochet le costaría el Nobel, y lo contrapuso al premio que sí recibió Neruda.
Sobre Pinochet, sostuvo que la "tendencia" de su gobierno fue ampliar libertades: la Constitución de 1980, los plebiscitos y la entrega del poder tras perder en 1988. Atribuyó los cuestionamientos en derechos humanos a un contexto de guerrilla y terrorismo que, según él, se concentró en los primeros años. Cerró con la comparación que, dijo, usaba de joven: en 1989 Chile era presentado como un milagro económico mientras la Argentina de Alfonsín sufría la hiperinflación, "dos modelos" a uno y otro lado de la cordillera.
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Fuentes
- “Reportaje en TV Chilena | Nicolás Márquez”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 25/05/2023 (minutos citados: 2:40, 3:38, 5:24, 7:13, 10:37, 12:03, 14:06, 14:30, 15:07, 19:46, 20:32, 22:18, 23:42, 25:25, 26:54, 28:11, 29:20, 33:43, 35:39, 36:04, 39:14, 42:28, 43:52, 44:22, 44:39, 45:12, 45:37, 46:13, 47:38, 48:22, 52:40, 53:10, 55:08).
- Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre
- Régis Debray, entrevista a Salvador Allende (1971)
- Roger Scruton