Que no se repita lo de Menem: Márquez explica por qué la batalla cultural es clave en tiempos de Milei
En un monólogo de fin de 2024, Márquez recuerda las reformas de los 90 y el libro de Grondona para sostener que, sin un cambio de mentalidad, cualquier logro de Milei puede deshacerse.
El 23 de diciembre de 2024, a un año de la asunción de Javier Milei, Nicolás Márquez grabó desde el exterior un monólogo de fin de año para su canal. Lejos de su biblioteca habitual, dedicó el video a una pregunta que para él define el futuro del cambio en curso: qué pasa con las reformas cuando el gobierno que las impulsa se termina. Su respuesta es la batalla cultural, y para explicarla volvió sobre una experiencia personal de los años 90 y sobre un libro de Mariano Grondona que leyó a los 23 años.
La lección de los años 90
Márquez recordó la Argentina de fines de los 80: la hiperinflación, los cortes de luz y una crisis que, según su lectura, obligó a adelantar el traspaso del poder en 1989. Ese mismo año cayó el Muro de Berlín y poco después se disolvió la Unión Soviética, de modo que el único camino posible, sostuvo, era encaminarse hacia el capitalismo de libre empresa. El gobierno de Carlos Menem avanzó con privatizaciones y desregulaciones que a Márquez, entonces estudiante, le gustaron mucho.
Contó que en la facultad militaba a favor de esas reformas y del arancelamiento universitario: se levantaban a las cinco de la mañana para pegar carteles, imprimían los panfletos con su propio dinero e iban de aula en aula a explicar medidas que, dijo, ni siquiera muchos peronistas entendían. El gobierno no los apoyaba porque la población universitaria pesaba poco en términos electorales y le interesaban más los sindicatos y otras estructuras masivas. Para Márquez fue un error enorme, porque Menem no advertía lo importante que era dar la batalla cultural: suponía que, una vez hechas las reformas, la gente iba a descubrir por sí sola sus beneficios. Márquez ya había repasado su paso por la UCeDé y su mirada sobre el menemismo en un reportaje de 2018.
El resultado, según su balance, fue que pocos años después el mismo partido giró hacia el rumbo opuesto con Néstor Kirchner: estatizaciones, regulaciones, más impuestos, subsidios y emisión, un ciclo de casi veinte años que terminó con la inflación descontrolada del gobierno de Alberto Fernández. Y la oposición encabezada por Mauricio Macri, agregó, tampoco propuso una sociedad de libre empresa como alternativa.
Grondona y el cambio de mentalidad
Para explicar ese vaivén, Márquez recuperó Las condiciones culturales del desarrollo económico, el libro que Mariano Grondona publicó en 1998. Lo compró y lo leyó con 23 años, y aunque no coincidía del todo con el autor, rescató su tesis central: sin un cambio de mentalidad en la gente, cualquier transformación queda a merced del siguiente gobierno.
Como prueba citó el comportamiento electoral posterior: según dijo, buena parte de quienes habían votado a Menem votó después a Kirchner. Para Márquez eso confirmaba que no había conciencia ideológica a la hora de votar; la gente elegía según estuviera un poco mejor o peor, o según le cayera el candidato, y no en función de un conjunto de ideas internalizadas.
La izquierda, en cambio, sí lo entendió. Márquez repasó la influencia atribuida a Antonio Gramsci —infiltrarse en la radio, los diarios, la cátedra y la televisión para influir en el gran público— y aclaró que le parece demasiado atribuirle todo a él: también enumeró a la Escuela de Frankfurt y a Michel Foucault, a quien, se quejó, se estudia en casi todas las carreras humanísticas. Hoy, dijo, ese proceso se conoce como cultura woke, que a su juicio pone en tela de juicio los valores fundantes de la civilización occidental y cristiana: Dios, patria, familia, vida, libertad y propiedad.
La nota es un resumen. La charla completa está en el video.
Ver el video completoMilei, un año después
En ese contexto, Márquez describió a la Argentina de Milei como un milagro dentro de un panorama occidental que considera desolador. Destacó el equilibrio fiscal, la baja de la inflación, la caída del riesgo país y la reducción de la pobreza que, según sus números, ya alcanzaba a millones de personas, todo con un bloque legislativo minoritario y sin gobernadores propios. Pronosticó que el oficialismo ganaría con comodidad las elecciones de 2025 y que eso le permitiría profundizar las reformas. Aun así, evitó hablar todavía de un "milagro argentino": para él no se trata de un milagro sino del producto del coraje, de las ideas correctas y de la determinación de un líder.
La pregunta de fondo vuelve a ser la de los 90: qué pasa si Milei gobierna ocho años y después llega otro partido que hace lo opuesto.
“Por eso hay que dar la batalla cultural, porque la gente tiene que entender por qué se está haciendo lo que se está haciendo, la gente tiene que comprender por qué este es el rumbo correcto y no otro.”
Nicolás Márquez, minuto 24:29
Márquez definió la batalla cultural como un esfuerzo intelectual y comunicacional para influir en la opinión pública, darle herramientas y persuadirla. Recordó que, en el libro que escribió con Marcelo Duclos, el propio Milei habla de darla incansablemente, y mencionó la fundación Faro, el tanque de pensamiento que dirige Agustín Laje, orientado a formar dirigentes, periodistas, legisladores y referentes de la sociedad civil. Recurrió además a una comparación médica que repite a menudo: la receta del centro era la anestesia, que evita el dolor pero deja avanzar la enfermedad; la de Milei es la cirugía, con un posoperatorio duro pero con el paciente salvado. Para que el paciente después vuelva a caminar, dijo, hace falta mantener el rumbo durante muchos años, y eso exige cambiar la mentalidad del país.
Las balas modernas son las ideas
Márquez contrapuso la batalla actual con la de los años 70, cuando, según su lectura, la pelea contra la guerrilla se daba con armas. Hoy, sostuvo, el enfrentamiento es cultural y exige otra clase de preparación.
“Las balas modernas son las ideas y fundamentalmente esas ideas se transmiten hoy a través de todos los dispositivos cibernéticos.”
Nicolás Márquez, minuto 30:28
El consejo final estuvo dirigido sobre todo a los jóvenes: mirar videos, leer los diarios y seguir a los buenos divulgadores ayuda, pero lo que marca la diferencia es leer libros. Propuso dedicarle a la lectura un rato por día, como quien va al gimnasio, y contó su método: leer con un bolígrafo y un resaltador, marcar las ideas principales y anotar al margen, porque así el concepto queda incorporado. Advirtió que en las librerías predominan los títulos de izquierda y que por eso es importante leer lo que se publica desde su sector.
Cerró con un llamado a no delegar todo en el Presidente. Milei, dijo, no es un superhéroe y no podrá hacer lo que quiere si los ciudadanos no se comprometen, no divulgan y no persuaden en su trabajo, su familia y sus ámbitos cotidianos. Para formarse recomendó hacerlo de manera paralela y autodidacta, lo que Laje, en Generación idiota, llama la formación radical: la que se da por fuera de los establecimientos educativos.
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Fuentes
- “La Batalla Cultural en los tiempos de Milei | Nicolás Márquez”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 23/12/2024 (minutos citados: 2:23, 4:55, 5:23, 7:28, 7:44, 9:21, 10:04, 12:40, 13:42, 14:38, 15:15, 16:36, 18:06, 19:07, 22:08, 23:46, 24:10, 24:29, 26:22, 27:29, 27:43, 29:57, 30:28, 32:11, 35:07, 35:27, 36:30, 39:27, 40:43).
- Mariano Grondona, Las condiciones culturales del desarrollo económico
- Agustín Laje, Generación idiota