Chile: Allende y Pinochet

“La revolución no tiene plazos”: el discurso de Márquez en el primer aniversario del Partido Nacional Libertario de Chile

En un teatro de Chile, Márquez celebró el primer año del partido de Johannes Kaiser y planteó su receta: batalla cultural, batalla electoral y un partido que no se corra al centro.

Nicolás Márquez
Nicolás Márquez · 5 min de lectura

Invitado por el Partido Nacional Libertario, la fuerza que encabeza Johannes Kaiser, Nicolás Márquez dio un discurso de casi cuarenta minutos en un teatro chileno durante la celebración del primer aniversario del partido, en marzo de 2026, en la transición entre el gobierno de Gabriel Boric y la nueva administración. Márquez, que se definió como parte del partido, recorrió la historia reciente de Chile, la necesidad de complementar la batalla cultural con una estructura electoral y el papel que, a su juicio, le toca al partido frente al gobierno entrante.

La prosperidad chilena “no ha sido dada”

Márquez abrió con una pregunta: por qué, en el que considera el país más próspero y moderno de América Latina, aparecen generaciones —incluso hijos de familias acomodadas— que abrazan ideas de izquierda. Su respuesta es que los jóvenes creen que ese bienestar es algo natural. Para él, en cambio, es el resultado de un esfuerzo colectivo que comenzó tras la caída de Salvador Allende, siguió durante diecisiete años de gobierno militar y fue conservado luego por gobiernos socialdemócratas.

Lo que hoy tiene Chile no ha brotado un maná. Es algo que se construyó con el tiempo desde el subsuelo, desde el infierno.

Nicolás Márquez, minuto 2:56

Por eso, sostiene, explicar el pasado es parte de la batalla cultural, y cita a Orwell: quien controla el pasado controla el futuro. En ese marco cuestionó que Kaiser deba responder ante la justicia por expresiones sobre la historia, y pidió al nuevo gobierno que garantice la libertad de expresión y que deje de ser delito “opinar distinto a la propaganda dominante”.

Batalla cultural y batalla electoral

Márquez define la batalla cultural como el esfuerzo por influir masivamente en la opinión pública con argumentos, y aclara que se libra en defensa de la civilización occidental y cristiana entendida como un conjunto de valores compartidos, crea o no cada uno. Pero advierte que no alcanza: sin un partido que exprese esas ideas, la batalla cultural “queda a mitad de camino”. Ese partido, dice, no puede ser el “centrismo buenista” ni la “derecha sensible”, porque “por el centro penetra la izquierda”. Como ejemplos menciona la Democracia Cristiana de hace cincuenta años y, más cerca, el estallido de octubre de 2019 y el posterior proceso constituyente. Plantea el conflicto como una “guerra sin sangre, sin balas”, a librarse “argumentativamente, culturalmente, políticamente y electoralmente”.

Compara además la trayectoria del partido con la de Milei: en su primera elección, el actual presidente obtuvo dos diputados; el Partido Nacional Libertario, dice, ya cuenta con ocho diputados y la senadora Vanessa Kaiser. Su conclusión es que el partido debe colaborar con el gobierno entrante, exigirle que cumpla lo prometido —por ejemplo, el indulto anunciado por José Antonio Kast a los presos de Punta Peuco— y prepararse para ser su “heredero natural” dentro de cuatro años, con Johannes Kaiser como candidato.

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La nota es un resumen. La charla completa está en el video.

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Los consejos para la militancia

En la segunda mitad del discurso, Márquez enumeró una serie de pautas que, según él, funcionaron en la Argentina. La primera es la constancia, porque la izquierda reaparece con nuevos ropajes, del martillo al “trapo multicolor”, y cambia el lenguaje de la lucha de clases por el de la inclusión y la empatía.

Como la revolución es permanente, la contrarrevolución también tiene que ser permanente.

Nicolás Márquez, minuto 20:49

Entre las demás, pidió repetir consignas sin miedo a ser monotemáticos, opinar sin temor aunque el ambiente sea hostil, “desacartonarse” y llevar la disputa al arte, la música, el humor y la poesía, porque el relato conmueve más que “una carpeta de Excel”. También recomendó no usar argumentos religiosos en el debate político: para discutir el aborto o la ideología de género, sostiene, bastan los argumentos racionales, biológicos, filosóficos y morales. Y recordó que, aunque la candidata comunista perdió el balotaje, haber obtenido cerca de un 40% es un síntoma que obliga a no “dormirse en los laureles”.

Tradición y progreso

Frente a quienes califican de “viejas” ideas como la defensa de la familia o de la vida, Márquez distingue entre el mundo material y el de las ideas: entre dos celulares de la misma marca conviene el más nuevo, pero entre dos libros la fecha no dice nada sobre su calidad. Recordó que el nacionalsocialismo y el comunismo también fueron ideas nuevas, y citó a Pío XII, que en 1944 describió la tradición como el cauce de un río y el progreso como el agua que corre por él.

Cerró con un llamado a la participación política, que presentó no como un pasatiempo sino como una obligación “en defensa propia” —de la familia, la libertad y la propiedad—, y con una frase de Josemaría Escrivá de Balaguer: “No dejes tu trabajo para mañana”.

Fuentes

  1. “Nicolás Márquez en el primer aniversario del Partido Nacional Libertario en Chile”, canal de Nicolás Márquez, publicado el 09/03/2026 (minutos citados: 0:12, 1:08, 2:09, 2:56, 3:07, 4:28, 5:41, 6:21, 7:52, 9:03, 9:57, 13:18, 21:01, 28:29, 18:01, 19:36, 20:49, 24:05, 24:53, 18:44, 29:49, 31:12, 32:24, 34:35, 38:01).
  2. Pío XII, alocución al patriciado y la nobleza romana (1944)