La revolución de terciopelo
En el canal de un sacerdote mexicano, Nicolás Márquez explicó por qué cree que la ofensiva contra la tradición cristiana es más peligrosa que la guerrilla, y por qué igual es optimista.
La entrevista se grabó el día en que Nicolás Márquez empezaba un curso de cinco clases sobre las “biografías del mal” —Castro, Guevara, Chávez, Allende, Perón, Lula— y semanas antes de una gira por diez ciudades de México con el historiador Cristian Rodrigo Iturralde. El anfitrión fue un sacerdote mexicano con canal de YouTube, y la pregunta de fondo, si la tradición cristiana está bajo ataque. Márquez respondió que sí, y que el ataque cambió de forma.
De la guerrilla al arcoíris
Su relato empieza con un fracaso. La revolución cubana instaló el mito de que un puñado de guerrilleros podía derrotar a un ejército profesional; las guerrillas que copiaron el manual de Guevara —Montoneros, Tupamaros, el MIR, Sendero Luminoso— fueron aplastadas, y solo sobrevivieron las FARC, a su juicio porque se convirtieron en un cartel. Después cayó el Muro y la izquierda se quedó sin argumentos, sin símbolos y sin clientes: el obrero vivía mejor en un país capitalista que detrás de la cortina de hierro.
Lo que vino, sostiene, fueron nuevas banderas —indigenismo, ambientalismo, una lectura militante de los derechos humanos y, sobre todo, la ideología de género—, que describe como una revolución “de terciopelo”.
Las revoluciones violentas repugnan a la mayoría. Pero cuando se presentan sonrientes, cambian el símbolo, los colores y el discurso, la gente lo acepta con beneplácito porque es engañada. Nicolás Márquez, minuto 6:01
Por eso, dice, van contra las dos instituciones que transmiten la tradición: la familia y las iglesias. Incluso una familia no creyente enseña que mentir, robar o matar está mal; “creyentes o no, todos estamos atravesados por los valores cristianos”. Márquez ya había explicado en 2017 por qué el marxismo cultural apunta a la Iglesia y a la familia.
La batalla por las palabras
Si tuviera que elegir una sola estrategia del adversario, sería la lucha por el lenguaje. Cita a Charles Maurras —la verdadera revolución no es la de la calle sino la manera revolucionaria de pensar— y al politólogo Giovanni Sartori: las palabras dejan su sello en el pensamiento. Pronombres, lenguaje inclusivo y neologismos enseñados desde la infancia cambian, según Márquez, la forma de concebir el mundo. Y quien objeta queda “patologizado” como fóbico o acusado de discurso de odio, que él define como “cualquier manifestación en desacuerdo con la agenda”.
El aborto, para él, es el ejemplo extremo: “un genocidio invisible”. Se pueden publicar fotos de las fosas de Stalin o de los campos nazis, pero no la de un feto abortado; contó que cada vez que lo intentó le suspendieron las cuentas.
Censura puertas adentro
El sacerdote le preguntó si había sufrido censura dentro de la Iglesia. Márquez contó dos episodios: un congreso católico en Colombia que lo bajó una semana antes del viaje por opiniones personales suyas sobre el Papa en redes, y un obispo al que escuchó reprender a un sacerdote por haberlo invitado, por miedo a las feministas y a la televisión. Lo primero, dijo, lo entiende; lo segundo no: tener miedo de pagar un costo por enfrentar la ideología de género “no es propio de un buen pastor”.
La nota es un resumen. La conversación completa está en el video.
Ver el video completoInformarse, formarse, actuar
Su receta para el ciudadano común tiene tres pasos, y un cuarto que agrega casi siempre: la batalla cultural no alcanza sin batalla política. Se pueden ganar debates y llenar calles, dice, pero los que después votan el aborto son los trescientos parlamentarios del Congreso. Por eso propone armar partidos o entrar en los existentes —“el lugar que no ocupa uno lo ocupa el otro”— y hacerle sentir al político “el rigor del votante”. Y señala una incoherencia mexicana: cuántos católicos terminan votando a Morena o a partidos que le son funcionales.
Hacia dónde va todo esto, admite, no lo sabe. Cita a Plinio Corrêa de Oliveira —la izquierda no es nada como fuerza de construcción, pero es mucho como fuerza de destrucción— y aprovecha para recomendar el libro de su amigo Miklos Lukacs contra el transhumanismo, “otra de las cosas que se vienen”.
Por qué es optimista
La última pregunta fue si hay razones para la esperanza. Márquez dijo que sí, y dio una explicación generacional. La izquierda domina la radio, la televisión, los diarios y la educación formal; los conservadores, expulsados de esos espacios, se refugiaron en las redes, y las manejan mejor: memes, videos, canales con millones de seguidores, más libros vendidos. La gente pasa cinco horas por día en redes, horas que antes eran de televisión, y la mayoría son jóvenes.
Esos jóvenes van a ser profesionales, dirigentes, empresarios, sacerdotes. Y están mucho más empapados de ideas conservadoras que progresistas. Nicolás Márquez, minuto 1:04:55
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Fuentes
- “La tradición bajo ataque. Entrevista con un cura”, canal de Nicolás Márquez, publicada el 07/03/2023 (minutos citados: 2:35, 5:02, 6:01, 12:47, 14:03, 16:54, 20:48, 28:00, 29:44, 30:30, 37:13, 38:23, 41:29, 44:41, 45:48, 46:27, 57:29, 58:48, 1:00:10, 1:00:53, 1:01:44, 1:03:03, 1:04:34, 1:04:55).
- Miklós Lukács de Perény, Neo entes. Tecnología y cambio antropológico en el siglo XXI (edición española: Bibliotheca Homo Legens, 2023).